Rescatemos a Descartes

Hoy, más que nunca, tenemos que rescatar a René Descartes. Ese gran filósofo del que muchos solo recordarán dos cosas: que era feo de narices y que dijo la famosa frase “Pienso, luego existo”. Y sí, esa frase todos la recordamos, pero ¿la entendemos? Tengo mis dudas.

René Descartes, que vivió en el siglo XVII (1596-1650), estaba en una situación parecida a la que alguno de nosotros podemos sentirnos en los días que corren. Descartes tenía encima nada menos que diez o doce siglos de Edad Media, época oscura en la que no ocurrió nada o poco en lo referente a lo intelectual, ya que lo intelectual se nutre de las preguntas, y recordemos que con Dios, todas las preguntas están respondidas, por lo tanto la tarea intelectual es innecesaria. Aristóteles (el auténtico creador de la idea del Dios cristiano) y Santo Tomás de Aquino eran los grandes pastores de la Edad Media y de cuyos caminos marcados no se podía salir nadie. En medio de ese páramo oscuro, un día nuestro amigo Descartes, que había sido educado e influenciado por ese gran sistema, se plantó frente al mundo y dijo: “Voy a dudar de todo”. Y créanme, no hay nada más revolucionario que la duda. Descartes dudó de todo hasta el extremo de dudar de la realidad exterior –lo que hay fuera-, y de sí mismo. Descartes dudó de Dios a pesar de que era creyente con el objetivo de limpiar su mente de tanta oscuridad envolvente. Descartes se preguntaba si había algo de lo que no pudiera dudar y efectivamente, no podía dudar de su duda, es decir, de su pensamiento y de ahí lanza la frase “Pienso, luego existo”.

Descartes, con la humildad que caracteriza a un filósofo que solo necesitaba un cobijo seguro y una estufa para poder pensar, nunca imaginó como sus claras y distintas palabras pudieron conllevar tantos hechos históricos que posteriormente ocurrieron. Un siglo después, sucede la Revolución Francesa bajo las ideas de pensadores iluministas, es decir, de pensadores cuyo centro fundamental de su actuar es la Razón. La Razón era el eje fundamental de la historia y así nace la Ilustración y el Humanismo. Descartes cambió el mundo y por eso hoy lo consideramos como un Héroe del Pensamiento.

Ahora bien, ¿dónde estamos? Estamos en el siglo XXI; ya ha pasado tiempo desde Descartes. Por la Dialéctica de la Historia, si en el siglo XVII Descartes pone la Razón como elemento clave a partir del cual todo se explica, cabría pensar que en el siglo en el que estamos, habríamos evolucionado mucho y el buen sentido se habría enseñoreado de la tierra y la mayor parte del planeta sería feliz. Pero parece que no. Seré claro, como Descartes. Vivimos en un Gran Sistema dominado por los medios de comunicación (saltando de una cosa a otra) los cuales nos dicen cómo tenemos que vestir, qué tenemos que comer, qué tenemos que estudiar para conseguir trabajo, dónde viajar, cómo amar, qué comprar, qué leer, qué música escuchar…y un largo etcétera. ¿Es falso lo que digo? Mira a tu alrededor y dime qué ves. Dedica un día solo a poner tu atención a lo que hacen los demás. ¿No ves algo que los une, como un patrón?

La sociedad actual, sumergida en este Gran Sistema, necesita estar haciendo algo constantemente. Necesita proyectarse hacia el exterior, porque debe de darle miedo lo que hay en su interior. Necesita ser políticamente correcta, porque parece que si no, siempre hiere la sensibilidad de alguien. Esta sociedad es una sociedad hipersensible, que se ofende por cualquier cosa, respaldado bajo la opinión libre en un mundo paralelo de redes sociales. Es una sociedad rígida, porque no sabe reconocer errores, decir que no y reformar sus esquemas de años de instauración. Es una sociedad que necesita el reconocimiento de los demás para su autoafirmación, es decir, su identidad la forman los demás. Es una sociedad que puede mandar 1000 mensajes de texto a un amigo a miles de kilómetros de distancia pero no puede saludar siquiera a un amigo del pasado si se lo cruza por la calle. Es una sociedad hipócrita, que piensa A, dice B y hace C; sociedad que odia los prejuicios y los estereotipos, pero cuando teme quedarse sola, se agarra a ellos. Sociedad que piensa que ser libre es enseñar las tetas o el abdomen por Internet. Sociedad que a los 18 años cree saberlo todo y se encierra en sus argumentos. Sociedad que quiere imponer sus idearios a la fuerza, cuando es sabido que la sociedad funciona por ejemplo, por lo que dar ejemplo es lo más efectivo que puedes hacer. Podría seguir y seguir describiendo esta sociedad, pero no es relevante en este texto.

En resumen, es una sociedad maniatada, no libre. Porque en esta sociedad no se prima el individuo, sino el grupo, el pertenecer a un grupo para calmar la sed de reconocimiento del otro. Porque sí, aunque os joda reconocerlo, solo es libre el que está solo. Y solo una sociedad limpia es aquella que se nutre de individuos libres, que en base a su razón y no a influencias externas, decide comparY por eso, HAY QUE RESCATAR A DESCARTES. Porque no vivimos una situación tan distinta a la que él vivió. Y él tuvo la valentía de dudar de todo y de quitarse todos los disfraces e influencias de su época. También tenía influencias, como nosotros ahora, pero nosotros ¿qué hacemos? Vivir en la comodidad del gran colectivo y ya vendrá otro ser más inteligente que nosotros a resolver los problemas. Pues no, señores. Rescatemos a Descartes y pensemos con calma qué estamos haciendo. Coloquemos la razón en el lugar que ha ocupado Internet y que no nos dé miedo a salir del Gran Sistema, aunque nos quedemos solos. Porque yo salí del Gran Sistema y veo todo con mucha claridad. Una persona, con una vida acelerada y con planes a cada momento, no tiene tiempo de reflexionar NADA, y si no reflexiona, no se es libre. Relacionarse con los demás es vital pero más vital es relacionarse con uno mismo, proyectarse hacia sí mismo, y esto lejos de ser una frase de mindfullness, significa tomarse un tiempo cada día de reflexionar lo que hemos hecho o lo que vamos a hacer.tir camino con una serie de individuos. Pero Doctor, ¡tú mismo dijiste hace poco que somos fruto de nuestras influencias! Claro que sí, pero como dijo Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Es decir, ser libre es utilizar un lenguaje propio, fruto de la reflexión de todo lo existente.

Salí del gran sistema desde la adolescencia quitándome todos los disfraces. Y eso me llevó a quedarme solo y a tener que buscar por mi cuenta otros individuos libres. Hice como Descartes, y me quité todo tipo de estereotipos, desde cómo tengo que ser físicamente para ser atractivo hasta qué tengo que leer para ser feminista. Soy contracultura porque prefiero nutrirme de cada una y no pertenecer a ninguna; solo así me siento libre sin tener que defender cánones culturales que carraspean mi conciencia. Me quité hasta las armaduras, esas que hoy llevan todos y que hacen que sus argumentos no se rompan ni con una bomba atómica. Me quité esas armaduras y por eso soy consciente de que mis valores son susceptibles de cambio. Hoy pienso así, mañana no lo sé. Hoy no creo en Dios, mañana no lo sé. La duda reflexiva –la reflexión- es lo que nos hace libres.

 

 

 

 

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