El valor de una persona

EL VALOR DE UNA PERSONA

Javier Sánchez Aguilar

A veces tengo la sensación de que estamos en la peor época para ser humanistas. Verdaderos humanistas. Siento que el ser humano no está viendo cómo cada vez le cuesta más rellenar los huecos de la palabra H_ _ AN_ D_D. Las manifestaciones de ese desapego con lo más intrínseco de nosotros son muchas, yo hoy os voy a hablar de algo que me parece fundamental en una relación humana: la historia de la vida de cada persona.

Tengo 22 años y caí al mundo dentro de un país desarrollado. Durante 22 años podéis imaginar la cantidad de personas que he podido conocer o incluso, amar, en el sentido amplio de la palabra. He conocido personas con las que, desde los 5 años hasta hoy, mantengo el contacto. Personas de temporalidad fugaz. Personas que he conocido por mis aficiones, por mis estudios, por mis viajes, por mi trabajo. Una persona que conocí ayer y que ya sé que estará ahí conmigo por muchos años. Una persona que conocí ayer que sé que estará ahí conmigo por 3 minutos. Una persona que al principio parecía un idiota y que acabó siendo una de miscmejores amistades. Muchas personas. Cada una de ellas con su respectiva historia vital.

Y es que no nos damos cuenta de lo precioso que es conocer a alguien.

Pero cada uno de nosotros ya está lleno de personas ¿no? Ya tenemos nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros conocidos… Ya estamos completos. Se nos va a saturar la lista de contactos del móvil y ya no sabemos qué nombre ponerle a esa nueva persona porque ya tenemos 15 Javieres en nuestras vidas. Y así nos va, que cada vez que alguien nuevo se nos presenta en la vida, tenemos una muralla y tendemos a dejarlos entrar solo si tiene una personalidad determinada o si es de determinada manera. Obviamente cada uno somos de una manera y nos gusta relacionarnos con personas afines a nuestro ideario, pero siento que la sociedad actual tiene los límites muy marcados y no deja espacio para personas con inquietudes distintas por miedo a que le cambie los esquemas establecidos durante 10, 20 o 30 años, los que sean.

Cada vez que conocemos a una persona, tenemos que pensar que es una fortuna. 2 vidas, cada una con su camino, han ido transitando por el tiempo y en un momento determinado se han cruzado. Eso es maravilloso. Es un cúmulo de azares impresionante. Desde el nacimiento, que es el acontecimiento más azaroso que existe, hasta la vida adulta hay millones de pasos que podían haber sido distintos. Y sin embargo, aquí estamos. Tú, quizás un lector nuevo que no me conocías, has llegado hasta aquí, y antes de mirar cada paso que te ha traído hasta aquí, simplemente aprecia este momento. Momento banal para la mayoría de los mortales, pero precioso para otros.

Tengo 22 años. Hoy es sábado, 22 de abril del 2017 y son las 11.00 de la mañana. Y soy fruto de todo lo que he hecho antes, de todas las emociones que he sentido, de los lugares que he conocido y de las personas que he conocido. Y también soy lo que hicieron de mí hasta que tuve uso de razón. Porque no olvidemos: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” (Sartre). A día de hoy lo que me define es que soy un fisioterapeuta apasionado que se dedica a la neurología, un poeta que aprovecha la melancolía del pasado y del presente para inspirarse, una persona que viajó a Chile en el año 2015 principalmente para escapar de sí mismo, una persona que ama mucho, una persona que la caga mucho, una persona que huye de los estándares. Una persona que puede decirle a su mejor amigo que la está cagando, una persona que es capaz de expresar amor sin miedo al rechazo. Una persona con complejos físicos, aún por superar. Una persona que es capaz de estar feliz en soledad. Una persona a la que todo lo que planea, le sale al revés. Ese soy yo. Pero pude haber sido otro.

Yo, hace años, quería ser psicólogo tras leer una guía de Vallejo-Nájera. También rapero y graffitero. Jugaba al fútbol  y una lesión me condenó a vivir fuera del césped. Ese era yo.

Cada una de las personas que podemos conocer tiene su historia, al igual que yo he resumido la mía. Pero cuando tenemos el primer contacto con alguien, vemos principalmente su aspecto físico y cómo se expresa con la gente o entorno. Y ahí puede venir nuestra peor cagada: el prejuicio. Y es cierto que no todas las personas las tenemos que admirar, ni apreciar, pero sí tener el espíritu más abierto.

El valor de una persona es su historia, lo que tiene que contar y la actitud con la que la vive. Por eso, creo que es muy importante saber quién es la persona que tienes enfrente, de dónde viene, a dónde quiere ir, qué le da miedo, qué le hace feliz. Así cada una de nuestras vidas se enriquecerá y el poso humano que ha dejado en nosotros nos acompañará hasta la siguiente parada de nuestro camino, que siempre, siempre, es el día siguiente.

Amemos el azar del cruce de caminos entre 2 personas. Es precioso que una nueva persona nos rompa los esquemas. Esa es la gente que mola.

 

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