Adiós, 2016.

Ya te vas 2016. Qué fuerte sonabas cuando naciste. Y qué aborrecido te vas. Los que nacieron en el año 2000 ya tienen 16 años y ya parece que han vivido más que personas de mi edad. Los que nacimos en los 90, estamos entrando en la treintena y con ello se presupone que debemos hacer según qué cosas y dejar de hacer otras muchas.

Este año ha pasado muy rápido y va a ser verdad que conforme nos hacemos mayores, los años pasan más rápido. Y va a ser verdad también que da igual la edad que tengamos, siempre vamos a ir mirando hacia la década siguiente y los clichés subordinados. Cuando tenemos 15, pensamos en los 18, cuando tenemos 18 pensamos en los 22, y así hasta llegar a los 60, que ya entonces parece que sí, que nadie te puede dar lecciones de vida y la edad ya no importa tanto.

Este año en general ha sido bueno para mí. Lo empecé en Santiago de Chile, y he de reconocer que pasé fin de año más solo que la una. Aunque la versión oficial era que lo pasé con unos “amigos” en la Torre Entel, era mentira. Me di un paseo por la tarde y por la noche me preparé una cena especial en mi casa mientras veía los fuegos artificiales de Valparaíso por la televisión.

Y así de triste parece que empezó el año pero poco a poco fue mejorando. Volví a España y con eso mi necesidad imperiosa de huir de casa para evitar sumergirme en la nostalgia del continente despedido y así decidí poner rumbo a Sevilla para compartir unos días con un gran amigo que conocí en Chile. Después visité  Córdoba y Granada y ya a la vuelta comenzaba el último semestre, probablemente el más feliz de toda la carrera al compartir casa con 4 de mis mejores amigos.

En posteriores meses conocí Zaragoza y Salamanca, dos ciudades que me enamoraron. Ya había viajado solo otras veces, pero yendo a Salamanca solo descubrí el placer de la soledad a pleno rendimiento. Me di cuenta que las personas que me rodean no saben estar solos, no saben llenarse solos. Necesitan amigos que les acompañen a todos los sitios, tener pareja para sentirse queridos, y en definitiva, no tener ni un segundo al día para estar con uno mismo.

Y temiéndolo, junio llegó y terminé la carrera con una graduación pasada por agua (sin haber llovido) y con un título bajo el brazo: ya era fisioterapeuta, mi vocación. Y sin apenas poder disfrutar de ese final, ya estaba trabajando donde actualmente trabajo, ayudando a personas con daño cerebral. Ya viene siendo habitual en mi vida que acabe ocurriendo lo contrario a lo previsto. Yo, que iba a ser psicólogo, terminé siendo fisioterapeuta. Yo, que iba a ser fisioterapeuta deportivo, acabo siendo fisioterapeuta neurológico. Yo, que nunca he tenido un exceso que perjudique mi salud, llevo 8 intervenciones quirúrgicas a mi espalda. Yo, que hasta el año 2015 nunca había salido de España, acabé estudiando un semestre en Chile. Y así multitud de situaciones…

En julio autopubliqué mi cuarto libro: “El peregrino de Natales” y ha sido como tener un hijo más en mi casa, un fiel retrato de las experiencias vividas en 3 años.

Este año ha sido la primera vez en mi vida que a una chica le he gustado por mi físico y ha sido la primera vez en mucho tiempo que alguien ajeno a mi familia me ha dicho “guapo” cara a cara xD. En esa línea, este año ha sido la primera vez que he quedado con alguien tras 3 años.Este año sigo siendo virgen y sigue sin importarme, a pesar de saber que eso puede acarrear prejuicios sobre mi persona en los demás.

Este año sigo sin necesitar que me digan lo que valgo en cualquier aspecto de mi vida para saberlo. Este año sigo sin comprender la sociedad. Este año sigo orgulloso de no haber fumado ni haberme emborrachado nunca. Este año sigo sin un grupo de amigos estable, lo cual me hace tener situaciones incómodas cuando me preguntan por mis planes sociales. Este año sigo oyendo. Este año sigo amando mi profesión. Este año sigo creyendo que soy un pájaro libre que está al margen. Este año he empezado una nueva etapa: la etapa adulta per sé, con todos los miedos que ella conlleva. Este año sigo sin creer en el amor, tal y como todos lo pintáis. Este año, sigo siendo un inadaptado social, un fracasado social, pero me siento bien y me siento feliz porque soy útil en las horas en las que estoy despierto y no me aburre tener que pasar horas conmigo mismo.

Y para que conste aquí, os deseo Feliz Año Nuevo a todas las personas que me leéis. Os deseo solo 2 cosas: SALUD y PASIÓN. Cuidaos porque os pasará factura si no lo hacéis y por favor, tened pasión en lo que hacéis, no dejéis que se os pasen las horas mirando lo que hacen los demás e id a por lo que os apasiona. ¡Sin excusas!

 

Un abrazo,

Javier

(el jefe de Doctor Melancolías)

 

 

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