SABER TOCAR

Saber tocar
el músculo
más importante
del cuerpo
no se aprende
en Fisioterapia.

Tocar
con la ligereza con la que una pluma
cae en el suelo;
como el niño con recelo
al tentar una bombilla ardiente.

Tocar,
como los labios de dos adolescentes
en su primer beso,
lento, temeroso
y balístico.

Saber tocar
el Órgano
no se aprende
en Música.

Tocar
con la levedad
de la pincelada,
como la suavidad
con la que el director
sacude su batuta.

Tocarte,
como si besara
cada herida
que acicalas
con velleza.
Beso a la vinagreta,
tacto a lo panenka.

Saber curar
la herida
no se aprende
en Enfermería.
Porque tocar
y curar
son verbos
de etimología
corrompida.

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