ENGATUSAR A LA PRINCESA

ENGATUSAR A LA PRINCESA

Dejé de escribir poemas magnos

a la mujer de mis sueños

para enamorar a ese desconocido

que llevaba dentro,

viajando gratis,

viajando muerto.

 

Dejé de sangrar por versos

que no eran más que esporas

de mi sistema hormonal.

 

Dejé de tomar apuntes

sobre venenos y dosis.

Ahora solo escucho.

 

Corazón permeable

 vestía bajo el síndrome de Dios.

Pasé a tenerlo

con derecho de admisión.

 

Y no.

Mis venas no quieren varices

de poeta deprimido

que retoza entre palabras

pomposas de venerados siglos.

 

Me siento vástago de mí,

mazapán de la mesa,

y del reino puercoespín.

 

Me siento capaz de transmitir

la límbica condena que me toca vivir:

a la princesa la engatusarás

siendo horrendo y feliz.

 

Escribo para enamorarme a mí,

no a la princesa de lisa tez,

ni al rector de la poesía

ni a ti.

 

Dejé de escribir poemas magnos

a la mujer de mis sueños

para enamorar a ese desconocido

que llevaba dentro,

que soñaba con su París interno

y con el beso en Invierno.

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