CUANDO RESUCITO

CUANDO RESUCITO

 
 
Dejaba las frases pasar.
Las ideas.
Mis.
Mi re mi re mi si re do las.
 
Eran grandiosos
los versos que pululaban
por mi cabeza.
-Ya me acordaré de ellos- decía.
 
Iluso poeta,
que cree que los versos
son como las melopeas.
 
Estaba cansado.
Leía a los grandes no wikipediados.
Soñaba con entonar un poema
con 1/4 de la pasión latina
de José Hernández.
 
A pesar de mi crónico desdén,
las ideas siguen chocando
con los poros de mi sensibilidad.
Recibo los mensajes de lo humano
y poetizarlos debería,
catartizándolos,
evaporándolos
desde la profundidad de mi ser.
 
Este poema es una bella tautología.
 
Ah, los cobardes no escriben historias, señor.
Quizás por eso escribo, desisto y vuelvo a escribir,
cual felino imberbe que enseña los dientes
cuando se acerca el peligro.
 
Sordo
pero sensible,
caigo arrojado hacia el tintero.
Me ahogo en él
y salgo como un delfín
hacia el papel.
 
Entonces, 
voy por las veredas
escuchando el oasis
y surge la magia.
Saco el papel
y escribo.
La gente mira.
No estoy drogado.
Solo inspirado.
Ilusionado.
Resucitado.
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