Me siento un privilegiado

Un privilegiado

Me siento un privilegiado en mi vida. Tras una honda reflexión sobre mi vida y lo que estoy haciendo con ella, me he dado cuenta de que soy un privilegiado. Decía Sartre que “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” y es cierto. Me siento orgulloso de estar haciendo cosas que definen mi ser y de no llevar un disfraz para agradar a todo el mundo.

Soy un privilegiado porque puedo oír. A día de hoy, gracias a unos audífonos, puedo escuchar, después de toda la traca quirúrgica e infecciosa que han atravesado mis oídos. Soy un privilegiado porque mis padres pudieron pagarme esos audífonos, que no son nada baratos, oiga. Yo puedo decir con sinceridad, que cada día que me levanto de la cama y escucho Dancing in the moonlight lo celebro, porque siempre pienso que llegará un día en que no oiga absolutamente nada.

Soy un privilegiado porque puedo correr. Hace unos años me rompí la rodilla izquierda entrenando a fútbol y la recuperación, más que devolverme a los terrenos de juego, me catapultó al reposo, a la inactividad y sedentarismo. Durante mucho tiempo, pensé que volvería a hacer deporte, o por lo menos, a alta intensidad. A día de hoy, preparo la Behobia-San Sebastián de 20 kilómetros con el objetivo de acabarla y hacer un tiempo razonable. Soy un privilegiado porque puedo correr; actividad que me ha enseñado y me enseña a diario, que el record que marcaste ayer en los 10 kilómetros no acredita que vayas a seguir esa línea. Me ha enseñado que recoges lo que cosechas, que es duro, pero se puede superar. Me ha enseñado que no hay límites. Al principio fueron 2 km, luego 5, 7, 10, 12, 15, 18, 21. Hasta hoy.

Soy un privilegiado porque puedo estudiar la carrera de mi vida, una de mis pasiones: la fisioterapia. Puedo aprender decenas de cosas cada día en las diferentes materias, con grandes profesionales. No entiendo esa gente que –sea cual sea su carrera- va a clase de morros, pensando en cuándo se acabarán las clases. No entiendo a esa gente que en clase juega con el móvil, chatea y no atiende al profesor. No entiendo a esa gente que no hace más que mirar la hora y resoplar porque…todavía quedan 30 minutos de clase. ¡Tío! ¡Despierta! Tienes la oportunidad –que en muchas carreras, no hay muchas- de aprender un montón de cosas de la profesión que te apasiona. Quizás es que no te apasiona lo que estudias. O quizás deberías espabilar. Hay otros que sacaron menos nota de acceso que tú, pero que igual tenían más ganas que tú de estudiar tu carrera. Por eso, me siento un privilegiado, porque valoro las enseñanzas que se me enseñan cada día, aunque unas sean más aburridas que otras. Me costó un huevazo entrar en la carrera de mi vida y…procuro aprovechar cada día de clase. Que luego, con los años, se echan de menos esas clases…

Soy un privilegiado porque tengo tiempo para escribir, para desarrollar mi novela, para escribir relatos y reflexiones que luego publico. Puedo publicar textos en internet que luego puede leer gente de Perú, Valladolid, Granada o Los Ángeles.

Soy un privilegiado porque allá donde voy, tengo personas excelentes a mi alrededor, lo cual facilita mi crecimiento personal. Me siento un privilegiado porque tengo personas a mi alrededor que en vez de decirme lo que listo que soy o lo bien que escribo, me dicen donde flojeo, donde me he columpiado. Personas que me hacen reír, pensar o enamorarme de sus ojos.

Me siento un privilegiado porque puedo hacer todo aquello que me gusta. Porque no llevo disfraz alguno.

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