Monólogo del poeta

El monólogo del poeta

 Inocencia/Crudeza; 2013

Javier Sánchez/Daniel López

El poeta nace y no muere,

¡nace y no muere!

En tiempos diáfanos y meridianos

el poeta vive al mínimo,

cianótico, impertérrito,

mientras el amigo ríe,

besa y erra.

Mas en tiempos de tormento,

mueca y pena,

el poeta siente la llamada de su amigo

y lo consuela.

Su amigo sufre en carne viva

y comparte con el poeta su circulación sanguínea.

Se inmola por él;

él lo cobija en sus tripas siempre.

Comparte y drena su mal, lo transforma

en poemas del magma,

liberar el alma,

actualizar la horma.

El poeta

ego de Dios,

ese ser misterioso,

esa sombra del mundo,

ese ser penoso —

se traga el tormento

y se convierte en él.

Mas cuando se trata del fuerte taconeo

en el corazón,

solo puede sosegar

la atroz tortura del coco.

El poeta, señor de la dádiva vital,

se entrega al mundo a ráfagas.

En versos expande su verdad

que calman su naturaleza hemorrágica y visceral.

El poeta posee visión periférica hacia dentro,

coge la flecha por la punta para clavársela él mismo,

deja al descubierto su pecho, sin protección,

su mente duerme en el colchón de la satisfacción.

El poeta no piensa la poesía,

 esa es su fórmula,

libera sus corrientes internas puras,

sin filtros, sin anestesiar,

sin aliñar, sin aromatizar.

Verás los ojos del poeta

como ves el fuego,

las llamas,

verás su frente arrugada,

su espalda jorobada…

Severas contracturas en su tristeza…

 Mas dentro de sus costillas

hay un hálito de Dios,

una esencia conectada

a una hipersensibilidad

a los pilares intrínsecos

de la humanidad.

El poeta escribe para él

y para nadie más,

no pretende bombardear

las conciencias

de los animales viles y egoístas

que habitan la tierra.

Pretende sentirse lleno

en medio de tan sumo vacío interno,

pretende sentirse vivo,

notar cómo penetra el oxígeno

en su mocosa nariz,

nariz discepoleana,

quiere volver a su rincón

con la esencia bien sembrada.

Habiendo picado en su humanidad

el poetabeja duerme sin sábanas.

El poeta

—con los labios cortados

de tanto besar a la Sole—

desea volver a su rincón.

¡No más muecas de limón!

¡Ya ahogó sus penas con amor propio, copón!

¡Solo desea volver a su rincón

viendo como su amigo

recupera la respiración!

JSA √10

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