Sencillez, Equilibrio y Bondad.

SENCILLEZ, EQUILIBRIO Y BONDAD.

a M.S.E.

En algún momento de nuestras vidas nos hemos parado o nos pararemos a pensar en qué queremos ser de mayor. Y no me refiero a una profesión. Me refiero a simplemente ser. ¿Qué tipo de persona quiero ser?  Está claro que todos tenemos un pasado que nos condiciona cómo somos ahora y alguno dirá que “las personas no cambian” en un tono housiano.  Pero yo sí que creo en el cambio, no en el cambio completo pero sí en una gran medida.

Yo he llegado a la conclusión de que lo que quiero ser de mayor es ser una persona sencilla, equilibrada y buena. Pero para mí, los conceptos de “sencillez”, “equilibrio” y “bondad” son algo un poco distinto de lo que podría ser para la sociedad en general. Además, considero que los 3 atributos son inseparables. Para ser una persona buena, debes ser equilibrada y sencilla. Lo mismo con las demás combinaciones. No quiere decir que yo posea esos 3 atributos. No soy yo quien debe acreditar eso.

¿Qué es ser una persona sencilla?

Identifico a una persona sencilla porque es materialmente conformista e intelectualmente compleja, de forma voluntaria. Con esto me refiero a que una persona sencilla –en mi opinión- no necesita ni quiere grandes tecnologías, objetos, viviendas colosales ni tres coches para llevar una vida plena y feliz. Por eso, es conformista. Si tiene un teléfono móvil y le funciona bien, no va a comprarse otro al mes siguiente. Por otro lado, una persona sencilla jamás está estancada mentalmente en la Sorbona. Su cabeza está siempre en movimiento, abierta a nuevas ideas, a nuevas formas de pensamiento, a nuevas culturas. Una persona cerrada de mente o dogmática no puede ser una persona sencilla, a mi parecer.

Quizás estéis pensando en José Mujica, presidente de la República de Uruguay, para ilustrar lo que acJosé-Mujica-Cordano-18abo de escribir. En mi opinión, José Mujica, el guerrillero vegetariano, es un extremo, un caso aparte. Habrá a quien le parezca que es un ejemplo y habrá a quien le parezca un simplón. Para mí, José Mujica es único en su especie. No creo que cualquiera de nosotros –occidentales y acostumbrados a una vida cómoda- pueda llegar al extremo de José Mujica porque le apetezca. Creo que ese tipo de vida viene arraigado por un pasado duro y del que uno se siente redentor.

Una persona sencilla puede tener un móvil, sí, claro que sí, al igual que puede tener un coche y un piso en el centro de Madrid. No se trata de eso. Se trata de que una persona sencilla no está atada a ese telefonito las 24 horas del día ni necesita grandes lujos para vivir. Como dice José Mújica, una persona sencilla gasta su dinero en cosas que de verdad le motivan y le permiten tener tiempo de vida. Sin embargo, una persona que no lo es, lo hace al revés. Invierte tiempo de su vida para ganar dinero y con ese dinero se dedica a gastarlo en “pavadas”, en cosas que no le aportan nada.

Si conocéis a KiliKilian-Jornet-aventureroan Jornet, podrías pensar que él también encarna la figura de una persona sencilla. Como antes, estamos ante un extremo y ante un espécimen que no vemos muy habitualmente. Kilian es una persona que ama estar aislado en la montaña, solo, y suele “bajar” a la ciudad cuando es estrictamente necesario por cuestiones de competición, familia o prensa. Kilian no tiene una casa gigante (es nómada, de hecho), pero tiene teléfono, ordenador, material deportivo… lo cual no contradice la idea de la sencillez. Dichos objetos no controlan a Kilian. Lo único que controla a Kilian es la montaña.

Jose Mújica y Kilian Jornet me sirven de ejemplo para ilustrar la sencillez. ¿Debemos tomarlos como ejemplos? Absolutamente. ¿Sus tipos de vida nos son asequibles (mentalmente hablando)? Depende, pero difícilmente lo son.

¿Qué tienen en común estas 2 personas? No mucho, al parecer. Uno está más bien gordito y el otro…corre por montañas. José lleva viviendo en su casa actual muchos años; Kilian no “tiene” casa, es nómada. Hay innumerables diferencias. Pero tienen algo en común, y es lo que las hace ser personas sencillas. Son unas personas mentalmente inquietas y no están atadas a nada material. Cuando uno escucha a Mujica y lee a Kilian, se da cuenta de eso. Son personas que sacan grandes conclusiones de la vida de sí mismos, de su más pura experiencia, y eso los hace más ricos a ellos como personas. No necesitan a Maquiavelo ni a Coelho para vislumbrar fórmulas que les ayuden a vivir mejor.

La sencillez se ha valorado y se valora de otras formas en la sociedad. Por ejemplo, es muy típico que la gente futbolera diga que Andrés Iniesta es una persona sencilla. Lo dicen porque lo relacionan con ser una persona prudente con lo que dice, no la lía, no monta escándalos públicos y en definitiva, porque se dedica a su profesión y ya está. Yo no estoy en condiciones de decir ni una cosa ni la otra, no conozco a Iniesta, pero me resulta insuficiente que la sencillez se valore por tales atributos. Tampoco diré que Iniesta no sea una persona sencilla por el coche o la casa que tiene o por su dinero acumulado. La valoración de la sencillez es mucho más profundo que eso, creo.

¿Qué es ser una persona equilibrada?

Para mí, una persona equilibrada es alguien que huye de los excesos y de los defectos para acercarse a un punto medio razonable, pudiendo hacerlo o no, es decir, que esa persona es equilibrada por su propia voluntad. Resalto “voluntad” porque muchas veces, por mucho que uno lo desee, el equilibrio no le es factible.

Una persona equilibrada no es ni extrovertida ni introvertida, ni un obsesivo del deporte ni un vago que está todo el día en el sofá, ni alguien que come muy bien pero luego se fuma un puro. ¿Se entiende?

Para mí, una persona equilibrada:

  • Hace ejercicio principalmente para estar saludable (siempre que le sea posible).
  • Tiene una dieta saludable. No se dedica a contar las calorías de cada comida ni se quita de algún que otro capricho que le guste de vez en cuando.
  • Sabe cuándo es momento de estar con la familia, con los amigos y con uno mismo.
  • Sabe divertirse sin llegar a extremos indeseados. Sabe desinhibirse y desconectar. Sabe cuándo es el momento de parar.
  • Tiene tiempo para dedicarse a sí mismo. Tiempo para parar el tren de alta velocidad (vida) y hablarse a uno mismo preguntándose: “oye, ¿qué tal estás?”.
  • No es ni hiperhumilde ni un auto-desprestigiador. Reconoce sus virtudes, no las empequeñece ni las sobreengrandece. Reconoce sus defectos y no los oculta ni los maquilla, los intenta paliar. Cuando tiene que decir “soy el número 1 en _______” lo dice sin alarde.
  • La caga. Y mucho. Ojalá la cagáramos más a menudo. Sin embargo, acierta aún más.
  • Ni condena ni alaba.
  • Ni es un amargado ni es un “viva la virgen”.
  • Predica con el ejemplo. Intenta que sus palabras concuerden lo máximo posible con sus actos. No le dice a alguien que se cepille los dientes si él no lo hace.

Grosso modo, estás son las características de una persona equilibrada, en mi humilde opinión.  

¿Qué es ser una persona buena?

La bondad es el concepto más manoseado y ultrajado por la cultura occidental. Desde pequeños y sobre todo, de la mano de la religión católica, se nos ha inculcado que ser “buena persona” es ayudar y amar al prójimo, no hacer daño a nadie, perdonar, no mentir… y una larga lista de verbos y sustantivos que a todos nos son familiares. La gente se basa en personas célebres de la Humanidad para decir qué es bondad y qué no: Dalai Lama, Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Martin Luther King, el Ché… es bondad. Hitler, Iván el Terrible, Gadafi, Bush… es maldad. Y ya está. Tan panchos.

Una persona buena para vosotros es un amigo que no te deja tirado, alguien que no condena a nadie por su color de piel o religión, alguien que no maltrata a su pareja, alguien que te ayuda cuando tienes un problema, alguien que antepone los intereses de todos antes que el suyo propio… Sabéis de lo que hablo. Pero eso, es ser buena persona CON LOS DEMÁS. Y eso es FANTÁSTICO, FANTABULOSO. Nadie lo duda. Incluso, ser bueno con los demás nos hace sentir bien, nos hace sentir humanos.

Ser buena persona con los demás no es un hecho aislado, como vemos muchas veces en Upscocl. com :”un empleado salió de su trabajo para tapar con un paraguas a un ancianito de la calle ante el diluvio universal…”.  Ser bueno con los demás debiera ser una ACTITUD y no cuestión de cuán contento estoy ese día.

Ahora bien, ¿qué hay de ser BUENA PERSONA CON NOSOTROS MISMOS? La mayoría de la gente, esa media parte de la bondad se la pasa por el forro.  La gente cree que ser buena persona es solamente ser buena persona con los demás. Y eso concuerda en que muchas personas llevan una vida para agradar solo a los demás y no siguen sus motivaciones reales, sus sueños y sus objetivos. No es raro ver como alguien decide integrarse en un grupo solamente para no estar solo, porque, amigos, parece que nos da miedo lo que hay dentro de nosotros. Las personas que dicen que ser buena persona es solo agradar a los demás, son las que menos tiempo se dedican a sí mismos, los que menos se aman y los que más tiempo están fuera-de-sí.  ¿Cuánto tiempo te dedicas para ti mismo? ¿Hace cuánto no te has dicho a ti mismo “tenemos que hablar”? Vivir y socializarse está muy bien, pero para poder evolucionar como personas, necesitamos pensarnos a nosotros mismos, preguntarnos qué queremos y qué no, qué personas queremos en nuestras vidas y cuáles mejor tenerlas lejos… Cuando te dejes de entregar tanto a los demás, de repintar esa fachada que tienes por personalidad, de hacer lo que todos hacen, hacer lo que está de moda, hacer lo que “mola” porque te han dicho que “mola”, tendrás más tiempo para TI, porque TÚ ERES LO MÁS IMPORTANTE. En ese momento, te darás cuenta de que en tu día a día haces un montón de cosas que no te hacen bien, que no te aportan nada y tendrás tiempo de plantearte objetivos y sueños en la vida, que te hagan levantarte por la mañana y dejar de sentir envidia u odio por esos que en Twitter escriben a las 7 de la mañana “Buenos días! Café y a comenzar el día!”.

No te confundas. Una persona que fuma no es una buena persona en su totalidad, así como una persona que bebe en exceso, una persona que no come bien (pudiendo hacerlo), una persona que no habla sola, una persona que está todo el día tirada en el sofá. Tampoco es una buena persona en su totalidad alguien que sigue la filosofía de “haz lo que diga, no lo que yo haga”, alguien que maltrata a los animales, alguien que se engaña a sí mismo porque cree que le reconforta, alguien que pone excusas a sus malos hábitos o a sus sueños a medio realizar.

Una buena persona (de verdad) se cuida en la medida de lo posible, se quiere y le pone amor a todo lo que hace. Una buena persona no se intoxica voluntariamente porque Ashton Kutcher o Jennifer Lawrence lo hagan o por ver Trainspotting. Una buena persona antepone su soledad frente a la urbe de lo guay. Una buena persona entiende la locución “Carpe Diem”: Carpe Diem no es liarla padre en el presente, olvidando el pasado y cargándose el futuro. Carpe Diem es aprovechar el momento, el aquí y el ahora, porque cada instante es precioso. Una buena persona no se olvida de donde viene, de sus orígenes y luchas, y sueña con un futuro que no sea la resaca del presente.

Para mí, la suma de los 3 atributos descritos: sencillez, equilibrio y bondad da como resultado LA SALUD.

LA MÁS VERDADERA SALUD.

¿UTÓPICO?

SOLO LO UTÓPICO ALIMENTA EL ALMA.

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