El Abuelo. |Capítulo 2|

Isaac y su abuelo fueron a dar un paseo por la playa. Reinó un silencio sepulcral hasta llegar a ella desde casa, el cual terminó al llegar a la orilla, donde el agua fresca despertó los pies del abuelo. El abuelo soltó un gritito y comenzó la conversación con su nieto.

-¡Uno no se acostumbra al agua fresca nunca!- exclamó Rafael.

Isaac sonrío mirando hacia abajo, pensando en aquellas situaciones de la vida a las que uno tampoco se acostumbra nunca.

-¿No te acostumbraste a vivir en Argentina?-preguntó Isaac. Tantos años allí…Es curioso que decidieras volver a España cuando tenías toda tu vida allí.

Este era el primer verano en el que Isaac hablaba con Rafael de forma seria. En años anteriores, hablaba con él pero de cosas elementales y nada profundas.

-Las cosas en Argentina no marchaban bien y yo tenía el deseo de vivir aquí. Nunca me sentí argentino, chico –dijo Rafael, con cierta lástima en su rostro. Me gustaba la gente, no tanto el país.

-¿No echas de menos nada de allí?- preguntó Isaac.

-Sí, claro… Pero procuro no anquilosarme en el pasado, chico. Ahora estoy aquí –sonrió a Isaac.

Seguían caminando por la playa. A ratos hablaban, a ratos callaban. Hablaban de los libros que habían leído cada uno durante el año, de las películas que habían visto y también sobre deportes. La conversación fue haciéndose cada vez más profunda, desembocando en temas de honda naturaleza.

-No me gusta este mundo. Es tan superficial…-dijo Isaac, entristecido.

-Superficialidad ha habido siempre. No es una novedad –afirmó Rafael.

-¿Igual que ahora? – preguntó Isaac.

-Sí, solo que…ahora es una superficialidad más sofisticada. La apariencia hoy en día parece serlo todo para algunas personas, pero tranquilo, la vida los colocará donde deben estar –sentenció Rafael.

-No sé yo…-dudó Isaac.

-Tu mundo ideal es imposible: un mundo donde todos sean humildes, cultos y dediquen horas a la reflexión. Oh, no. El mundo nunca será así, me temo. Sería demasiado aburrido, ¿no crees? –preguntó irónicamente Rafael.

-¿Qué te hace pensar que mi mundo ideal es así? – preguntó Isaac.

-No eres el primero… –dijo Rafael, dirigiéndole una mirada pícara. Hace no muchos años yo también pensaba así, pero uno llega a comprender ciertas cosas cuando entra en arrabal de senectud.

-Manrique –adivinó Isaac.

-La cosa es que quieres pensar por todos y no es así. La gente tiene que darse cuenta de sus errores y de lo que quiere en la vida, no necesita que venga alguien y le diga lo qué hacer, ¿entiendes?-dijo Rafael.

-Es decir, que debo preocuparme solo por mí –dijo Isaac.

-Sí. Si un pibe quiere vivir atado, es su elección y no tu competencia. Es simple. La gente no es tan tonta como crees. Lo que quieres es que encuentren su camino antes de tiempo –dijo Rafael, posando su mano sobre el hombro de Isaac.

-Es como si dejaras todo al servicio del azar –le recriminó Isaac.

-Creo en la Dialéctica- afirmó Rafael.

-¿Por qué? –preguntó Isaac.

-Es una forma de entender la Historia como síntesis constante entre la antítesis y la tesis. Es muy sencillo. Quiere decir que la Historia no es más que negaciones de las negaciones.

Durante unos segundos, ambos se miraron mientras caminaban. Isaac nunca creyó que su abuelo acabaría apoyando sus argumentos en el mastodonte Hegel.

-Nueva reforma en el gobierno. Puede ser que sea bien acogida, sí…pero llegará un momento en que se negará y se tratará de llegar a un punto superior de síntesis que podría ser…por ejemplo… anular la reforma y hacer una mejor o peor –dijo Rafael.

-Es decir, que según tú, hay que dejar la Historia en manos de la Dialéctica –dijo Isaac.

-Sí, eso es lo que creo. Si tiene que estallar la era tecnológica, estallará. No quiere decir que nos quedemos de brazos cruzados porque la Dialéctica nos lo hará todo. Quiere decir que la Historia sigue un rumbo lógico –dijo Rafael.

-¿Lógico? ¿Estás seguro, abuelo? ¡Freud te está llamando de todo desde el cielo! –exclamó Isaac.

-Ese pervertido me da igual –dijo Rafael.

-Entonces, la Historia hasta la actualidad crees que ha seguido la lógica…

-Sí, porque la Historia la hacen los hombres –dijo Rafael. Y aunque muchos acontecimientos de la Historia se hayan producido por emociones o impulsos, aun así, éstos siguen un patrón.

-Sigo pensando que la humanidad se va a la mierda: no respetamos el medio ambiente, la tecnología nos avasalla, el contacto humano pierde su riqueza…-dijo Isaac mostrando desesperanza en su tono de voz.

-¡Chico, chico! ¡La gente no es idiota del todo! Aprendemos de los errores y apreciamos las cosas cuando ya no las tenemos. A partir de ahí es donde nace nuestro perfeccionamiento. ¿Quieres que te diga qué me dice la Dialéctica?

-Miedo me das, abuelo.

-En cuanto a la naturaleza, creo que relativamente pronto ésta nos dará un susto. Y ese susto hará recapacitar a los grandes jefes del planeta –dijo Rafael bastante seguro de su tesis. O quizás sea ya demasiado tarde para reaccionar.

-¿Un meteorito? -preguntó Isaac mientras soltaba una carcajada.

-No sé, pero la Dialéctica me dice que para que haya conciencia de la naturaleza y su importancia, tiene que ocurrir una catástrofe natural. Es como el que fuma y de repente le da un mini-infarto y dice: “bueno, ahora sí que lo dejo”.

-¿Y la salud? ¿Crees que la gente será más sana en el futuro?-preguntó Isaac.

-Sí. Absolutamente. Los que estamos ya mayores somos los que en cierta manera no progresamos en la sociedad. La gente que ya era sana ahora ya lo está siendo aún más, sobre todo los hombres. Luego hay una masa indiferente que bueno, ni fu ni fa, que ni es muy sana ni es muy insana. Creo que la sociedad se mueve por modas. Por ejemplo, si una persona que fuma ve que todos sus amigos dejan de fumar, seguramente lo dejará. Si un sedentario va a pasear y se encuentra con mucha gente haciendo ejercicio, seguramente esa persona lo intente también. Somos lo que vemos hacer a los otros. Y eso es triste.

-La tecnología seguirá avanzando, las empresas necesitan reinventarse y crear nuevos productos. Eso parece difícil que lo pare la Dialéctica –hipotetizó Isaac.

-Fíjate, en ese sentido, es la sociedad la que tiene que decir basta. Es ella la que tiene que decirle a Google “mira, no quiero unas gafas que me hagan hasta la compra”. El consumidor manda. Eso sí que me da miedo, porque como la rapidez, la comodidad y la praxis dominen el mundo, no habrá más mentes revoloteadoras, ¡todos seremos marionetas! –exclamó Rafael.

-Sinceramente, por mí no haría móviles más avanzados. Creo que ya se ha alcanzado el tope necesario. Más, me parece demasiada comodidad. Me gusta el movimiento –dijo Isaac convencido.

-También nosotros decíamos que ya era mucho ver la televisión en blanco y negro. Nunca digas “este cura no es mi padre”.

-Puede que se llegue a ese punto de mayor salud en la humanidad y menor control tecnológico, pero la Dialéctica seguirá avanzando en una nueva negación, ¿no? –dijo Isaac.

-Así es. Esperemos que no necesariamente implique un retroceso en la humanidad.

-Tengo miedo de la humanidad, abuelo.

-Tenlo. Y yo si fuera tú, permanecería a su lado pero con cierta distancia. Observa. No seas uno más. Ya fuimos borregos mucho tiempo –dijo Rafael, parando de andar para dirigirse mejor a su nieto.

-Ojalá algún día pueda contar a mis nietos que todo ha pasado, que la humanidad se impuso a los entes y que el progreso no significa tener aparatos más sofisticados, sino ser libres y hacer de esa libertad el bienestar de todos.

-Cuida tu ambición. Puede volar pero también arrastrarse –sentenció el abuelo.

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