La vida de examen: Sócrates, Aristóteles y el Dr. House

El presente fragmento no me pertenece. Pertenece al capítulo “Animales viles y egoístas que se arrastran por la tierra: House y el sentido de la vida” del libro “Filosofía de House: todos mienten” escrito por Henry Jacobi y William Irwin. Es un texto excepcional y que simboliza muy bien la vida de examen (que trato de llevar) valiéndose del excéntrico Doctor House. 

Estos días publicaré varios textos como éste, porque los considero muy interesantes y que incitan a la reflexión. Sé pueden aprender muchas cosas de la mano del pedante doctor House y la filosofía.

Tengo algo de House en mí, y no solo porque sea fan de la serie y haya visto cada capítulo varias veces, sino porque tengo algunas cosas en común con él y otras muchas no. No comparto su antipatía ni su aparente anti-humanismo pero sí que comparto ideas sobre el conocimiento y la realidad. 

¡Os dejo con el texto de Henry Jacobi!


Sócrates (469-399 a.C), el primer gran héroe de la filosofía occidental, fue hallado culpable de corromper a la juventud de Atenas y de no creer en los dioses, crímenes por los que se le condenó a muerte. En el fondo, fue castigado por tener la costumbre de cuestionar a los demás y exhibir su ignorancia por medio de la búsqueda de la verdad. Sus jueces se hubieran contentado con que abandonara Atenas, pero Sócrates rechazó tal posibilidad pues sabía que, donde quiera que estuviese, su estilo de vida seguiría siendo el mismo. Así pues, ¿por qué no sólo invertimos los papeles?

En el diálogo platónico Apología, donde se narra el juicio de Sócrates, escuchamos a este último pronunciar su célebre frase: “Una vida sin examen no vale la pena de ser vivida”. Sócrates quería decirnos que prefería morir a renunciar a la forma en que vivía. ¿Por qué? ¿Qué es una vida de examen, después de todo?

Una vida de análisis es aquélla en la que tienes deseos de entender las cosas, pues uno es curioso y busca la verdad. No aceptas las ideas así como así, por el solo hecho de que sean populares o provengan de alguna tradición, y no te da miedo formular preguntas. Ésta es la vida que lleva un filósofo.

Bertrand Russell (1872-1970), el gran pensador británico, expuso el valor de este estilo de vida, así como el valor de la filosofía en general, cuando escribió:

“Debemos cultivar la filosofía no por las respuestas definitivas que demos a sus preguntas, pues por regla general es imposible corroborar su verdad; la filosofía debe cultivarse por las preguntas en sí mismas, porque éstas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y minan la seguridad dogmática que impide a nuestra mente abrirse a la especulación”.

Seguro que House está de acuerdo con lo anterior. En el epishouseodio “Resignación” logra al fin descubrir lo que está matando a una jovencita e intenta decírselo, pero a ella no le interesa saberlo, pues eso no cambiará el hecho de que va a morir: “No quiero escuchar” —dice. House permanece incrédulo: “Esto te está matando, ¿no te interesa saber qué es?”. Cuando los padres de la joven lo hacen salir de la habitación, él replica: “¿Qué caso tiene irse de este mundo sin curiosidad?“. Suena muy parecido a Sócrates.

Ahora bien, tal vez una vida de curiosidad, la vida del filósofo (o del científico interesado en el conocimiento por el conocimiento) sea una vida valiosa y tal vez sea mejor que “una vida sin examen”. Pero ello apenas significa que ésta última no vale en absoluto la pena vivirse. ¿Por qué Sócrates lo cree así? ¿Y por qué también House supone que una vida sin curiosidad es inútil?

La vida del filósofo es una vida de análisis, una vida de razón. Y la razón es lo que distingue a los seres humanos. Cuando Aristóteles (384-322 a.C) dijo que “el hombre es un animal racional”, no se refería a que tuviéramos siempre un comportamiento lógico sin guiarnos nunca por nuestras emociones o el instinto. Lo que quiso decir es que sólo los seres humanos tenemos la capacidad de razonar. De modo que, lo que Sócrates quiere decir, me parece, es que una persona que no usa su razón, y que no lleva una vida de análisis, no se da cuenta de su potencial como ser humano. Por lo tanto, una vida sin raciocinio ni curiosidad, una vida en la que no se busca la verdad, no es más valiosa que la de un animal inferior.

Tal vez House no lo plantearía de ese modo exactamente. Recordemos que él cree que “sobrevaloramos al género humano”. Sin embargo, una vida en la que sus habilidades para resolver enigmas no se ocuparan en nada de provecho para él sería una vida increíblemente insulsa, carente de sentido.

Tal vez una vida sin examen carezca de significado y que por lo tanto no valga la pena vivirse, pero de ello no podemos concluir que una vida de análisis sí tenga sentido y que valga la pena. Después de todo, los nihilistas podrían tener razón. Quizá, en realidad ningún tipo de vida puede ser en verdad significativo. ¿Cómo podemos decidirlo? Para responder a lo anterior, debemos volver a la pregunta respecto a qué hace que una vida tenga sentido. Tenemos que explicar cuáles son las propiedades de una vida significativa y luego demostrar que la vida de análisis de Sócrates tiene tales propiedades.

Por lo que hemos dicho hasta aquí y en particular en lo referente a House, estas propiedades no tienen nada que ver con Dios, el alma o el más allá. Sin embargo, sí pueden estar relacionadas con lo que sentimos de nuestras vidas, siempre y cuando estos sentimientos estén de acuerdo con eso que debería preocuparnos, con lo que deberíamos sentir como importante.

La vida de House es significativa porque él propicia, en su mayoría, consecuencias deseables. Salva las vidas de los pacientblack-and-white-dr-house-quote-favim-com-246819_largees. Pero el problema es que no parecen importarle mucho las vidas que salva. Para él, la cuestión es más bien resolver el rompecabezas. ¿Por qué? ¿Es por la satisfacción que le causa? ¿Y porque le hace olvidar su dolor?

Aristóteles quería responder a la pregunta “¿qué es una vida buena?”. Este filósofo definía lo bueno como las funciones propias de algo. Por ejemplo, un buen bastón es uno fácil de asir, aquel que te ayuda a mantener el equilibrio y te evita mayores lesiones y dolor al caminar. Un buen doctor es el que puede hacer diagnósticos atinados y eficaces y tratar las enfermedades, entre otras cosas. Una vida buena sería entonces la clase de vida que le corresponde llevar a una persona buena. ¿Y qué es ser una persona buena? ¿Cuál es la función propia de la humanidad?

Ya hemos sentido la respuesta, se trata de llevar una vida de razón. Para Aristóteles, esto significa que nuestra parte racional predomine sobre la parte irracional. En esta última están contenidos nuestros deseos, es la parte que nos dice lo que queremos y a239lo que no queremos. Por ejemplo, me gusta la comida Thai, odio las habas, etc. Tal es su cometido. Pero no nos indica qué tan seguido debemos desear eso que queremos. Aristóteles dice que esta parte irracional no tiene ningún principio de medida.

En cambio, con la razón podemos medir y discernir proporciones justas. Estas “proporciones justas” son las virtudes. Pensemos por ejemplo, en el valor. Alguien que se irrita con facilidad y que está siempre presto a batirse no es alguien valiente. Sin embargo, el cobarde tampoco posee la valentía. El valor consiste, como ya ha señalado Platón, “en saber cuándo pelear y cuándo no”. Wilson con frecuencia muestra arrojo cuando tiene que lidiar con House, sabe cuándo enfrentar a su amigo, pero también sabe cuándo quedarse callado y evitar la ira.

El sólo hecho de razonar, en un modo cualquiera, no es por supuesto lo mismo que llevar una vida de razón. Resolver las casillas del sudoku sin duda requiere de lógica y de habilidad para el raciocinio, pero alguien que no haga más que eso con su vida no vivirá racionalmente por ello. En cambio, las prodigiosas capacidades de House para resolver rompecabezas son significativas e importantes debido a los resultados que ayudan a producir. La razón debe relacionarse de forma adecuada con la acción y House lo sabe.

De nuevo en “Un día, una habitación”, cuando Eve, víctima de violación, dice: “El tiempo lo cambia todo”, House responde: “Eso es lo que dice la gente, pero no es verdad. Hacer cosas cambia las cosas; no hacer nada deja las cosas exactamente como están“.

Por último, vivir una vida de razón es, según Aristóteles, algo de la mayor importancia, porque conduce a la felicidad o al bienestar —lo que los griegos llamaban eudemonia—. De modo que, incluso si parece que House suele estar más interesado en la solución de los rompecabezas que en las consecuencias que de ello resultan, tal solución debe contribuir para él en algún sentido de bienestar interior, si estoy en lo correcto cuando digo que lleva una vida de análisis, una vida de razón.

Sin duda habrá quien esté en desacuerdo con esta conclusión. Podrán decir, después de todo, que House parece sentirse miserable, pero a ello respondo, parafraseando a la atractiva nutrióloga del episodio “Resignación” de la cuarta temporada: ¿qué tan miserable puede ser irse a la cama con todo el mundo, consumir sustancias y salvar la vida de la gente? Así que, Aristóteles, pásate una vicodina.

 

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