AFASIA

Voy a caída por letra,

no me sostengo en pie, amigo.

Una maratón en casa

dando vueltas a la mesa del salón.

 

Me paro a intentar leer

el mensaje del sol brillante

de ahí fuera.

Y no puedo.

 

Te hablo y no me contestas.

Tú que padeces cuando mi hogar

está vacío.

Te había puesto tantos nombres

que ya eras el mundo entero.

 

Diferencio silencios místicos

de aquellos bélicos.

El peor silencio

es el que suena de la pérdida.

 

Cómo no vi progresar

mi afonía:

aún tenerte delante

y tu ceño un enigma.

Ahora cuando grito,

es idioma de nadie.

 

Me siento eco del silencio,

seco ahogo del deseo,

muerte y nacimiento.

 

Y me he perdido.

Te he perdido.

 

Estoy muerto, amigo,

porque no puedo hablarme.

Cada vez que intento articular

blasfema mi carácter.

 

Palabras atascadas,

rotas las cuerdas del laúd.

La melodía que desciende

hasta un do terminal.

 

Has muerto sin avisar

dejándome afásico

temblando enfrente de la vida.

Es la sensación de ser

el último que queda,

y llorando, arrastrándose

se une a la tierra.

 

La tierra, el pájaro,

calman mi garganta mutilada.

Los chillidos que nacen de las entrañas.

No sabía que había tanta vida

bajo tierra.

A esta profundidad,

uno espera ciénagas podridas

con larvas sin mutar.

 

Especies que no había visto,

colores sin nombre.

Un lugar sin memoria

el país de la asimbolia.

 

Un país llamado esencia,

casa insonora,

ataúd de los vivos.

Apagón de los sentidos.

 

Otorga el lenguaje

que necesitamos todos.

El que se expresa

viviendo.

O muriendo.

 

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Vivir sin pensar en los Hitos de la vida

La vida es maravillosa, aunque cuando eres pequeño nadie te dice que no existen los caminos marcados para ser feliz, que nunca alcanzamos nuestro mejor momento, que la mayor parte de la sociedad es idiota… Incluso en la adultez, nadie te dice que tu vida de “éxito” no vale más que la del mendigo de tu calle o que la mayor parte de la gente pasa por la vida estando muertos.

Salgo al mundo cada día y hablo con la gente. Percibo sus sentimientos, sus ideas, sus aspiraciones. Las comprendo y algunas las comparto. Pero veo una gran patología en el mundo occidental: el síndrome de la prisa. Veo a la gente corriendo a todas partes, deseando que su tiempo corra, deseando que llegue el fin de semana, semana santa, verano…Deseando graduarse, deseando tener pareja, deseando coger ese tren porque es que, si no, mi vida se va al traste. Deseando sin parar y con una prisa tremenda. Tanta prisa para luego no disfrutar nada del momento.

Veo mucha prisa en la sociedad. Muchas ganas de ser el primero en algo, muchas ganas de fardar y no tanto de comunicar.

Y es que hay ciertos mensajes que surgen en los medios de comunicación que propician este comportamiento. “La vida es como montar en bicicleta: si te paras, te caes”. Oiga, pues no. Me puedo bajar de la bicicleta. “Carpe Diem: vive el momento” (pero compra este super perfume, esta super chaqueta, esta super chorrada). “Cuando tú duermes, alguien está trabajando a muerte para superarte”. ¿Qué es superar a alguien? Yo no quiero superar a nadie. Mis actos y mi forma de ser determinarán qué tipo de persona soy y mejoro el mundo estando yo aquí. ¿Superar? ¿Para ganar más dinero? ¿Para ser más “sabio”? La sabiduría es otra cosa.

Nos movemos por objetivos, eso está claro. Yo mismo me planteo objetivos anuales. Pero creo que muy sano vivir sin pensar en los hitos de la vida y encuentro la libertad en ello. ¿Por qué tengo que hacer un Máster nada más acabar la carrera? ¿Por qué hay que tener pareja y casarse si quizás uno no se siente libre así? ¿Por qué tengo que comprarme una casa? Yo claro que quiero cumplir metas. La vida es demasiado corta para quienes tenemos grandes planes, de hecho. Pero intento disfrutar del camino que me lleva a conseguirlos. Y cuando estoy pasando una mala época, no me importa meterme hasta el fondo en el barro el tiempo que haga falta hasta resurgir de nuevo. Hay que vivir más. Pero vivir más es hacer de lo cotidiano algo extraordinario. Y fueron mis pacientes con daño cerebral los que me enseñaron eso. Me enseñaron a vivir. Comer algo que te gusta, dar un paseo, hablar con alguien que quieres, tomarte una cerveza tranquilamente, correr por correr, ir al cine sin saber qué cartelera hay…

La vida es muy puñetera y nunca sabemos en qué momento las desgracias o la propia muerte nos desgarra nuestros proyectos. Precisamente por eso, si mañana me muero, dile a la gente que morí haciendo lo que me apasionaba, cada día, con amor en cada maniobra de fisioterapia y cada verso. Dile que lo triste no es morir, es haber estado muerto en vida. Quiero reivindicar el arte de la espera y la pausa, haciendo las cosas bien y con pasión. La prisa, para cuando es necesaria, para cuando hay que ser rápido y reaccionar. No estamos en la selva.

 

 

 

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Lo que la sociedad te dice que hagas

Qué gran ente la sociedad ¿no? Es como Dios; nadie lo ve, pero todo el mundo acaba recurriendo a él cuando le tiemblan las piernas. Y es que tan malo es personificar como generalizar en la mayoría de los casos en los que nos tiemblan las piernas. No nos gusta mojarnos; la lluvia mejor verla desde dentro cobijado por un radiador.

No nos gusta mojarnos en la vida porque nadie es experto en ella.

¡La sociedad nos dice muchas cosas! Es un gran sistema el que está montado alrededor de ella y aun así la mayoría de personas cree que su vida es lo que ellas quieren que sea y que SOLO está influenciada por las personas cercanas a ellas que éstas han elegido tener al lado…Qué bien suena y qué incierto es.

La sociedad te dice que respetes a la mujer, pero al mismo tiempo la sigue hipersexualizando en los medios de comunicación, traduciendo una cierta estética en un determinado comportamiento.

La sociedad te dice que si amas a alguien, debes expresárselo sin miedo al rechazo, ya que vida solo hay una y si no lo expresas, te quedarás con el “y si…” y eso será terrible. Pero a la vez te dice que hombres y mujeres tienen diferentes formas de pensar y concebir la atracción y el amor y que por lo tanto, es mejor que el hombre no manifieste amor porque la mujer lo interpretará como señal de debilidad. La sociedad te dice que respetes a las personas independientemente de su identidad sexual, al mismo tiempo que utiliza miradas, expresiones y comportamientos impropios.

La sociedad te dice que lleves una vida saludable. ¡Y que es muy sencillo! Comer sano, no fumar, no beber alcohol con frecuencia, hacer ejercicio y dormir 8 horas diarias. Al mismo tiempo, la sociedad cree que hacer ejercicio es ir al gimnasio 2 horas diarias. Al mismo tiempo, muchos personajes públicos fuman y hacen estética de ello. Al mismo tiempo, se publicita el alcohol en televisión y se ve como algo recreativo. Al mismo tiempo, se piensa que comer sano es comer todo crudo.

La sociedad te dice que la meritocracia es el sistema que debería regir los escalones de la responsabilidad social pero que en ningún caso esos escalones dictaminen una dignidad u otra. Se espera que un cardiólogo haya tenido millares de horas de estudio detrás. Se espera que el presidente de un gobierno sea culto y docto en las ciencias políticas. Se espera que un albañil ejerza su trabajo de obra en condiciones laborales óptimas. Se espera que un periodista no esté influenciado por una determinada ideología. Al mismo tiempo, la sociedad te dice que lamas los culos de los poderosos, que negocies tu ética, que la formación profesional es para los que no son inteligentes.

La sociedad te dice que seas libre. Mejor dicho, te exclama que seas libre. A base de discursos quasipoéticos, la sociedad te dice Carpe Diem, vive la vida y sus pequeños momentos, cuida de tus seres queridos, no pierdas el tiempo con quien no te valora, utiliza menos el móvil, haz planes con tus hijos, disfruta de la soledad, levántate temprano… ¡Buf! Al mismo tiempo, la realidad te demuestra que no somos libres ni para ir al baño. Comemos mirando el móvil, ansiamos las vacaciones para luego no saber desconectar de la tecnología, resoplamos los lunes porque no amamos nuestro trabajo…

A la sociedad le encanta decirte lo que tienes que hacer. Y además no te lo dice explícitamente, sino en voz baja, bajo la malvada influencia indirecta. Nunca te va a decir que hagas algo en concreto, porque ahí se activa tu sistema de alarma y reculas, te defiendes bajo la capa de tu libertad. Pero el sistema que tenemos montado es muy listo y sabe cómo emitir mensajes para crear una sociedad idiota.

Quiero que tengas en cuenta que, cuando te bajas del tren, cuando tomas tu propio camino, cuando eres consciente de la ignominia de tu vida cotidiana, estás solo. ¿Estás preparado para estar solo y ser auténtico? Prepárate. 

 

 

 

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Rescatemos a Descartes

Hoy, más que nunca, tenemos que rescatar a René Descartes. Ese gran filósofo del que muchos solo recordarán dos cosas: que era feo de narices y que dijo la famosa frase “Pienso, luego existo”. Y sí, esa frase todos la recordamos, pero ¿la entendemos? Tengo mis dudas.

René Descartes, que vivió en el siglo XVII (1596-1650), estaba en una situación parecida a la que alguno de nosotros podemos sentirnos en los días que corren. Descartes tenía encima nada menos que diez o doce siglos de Edad Media, época oscura en la que no ocurrió nada o poco en lo referente a lo intelectual, ya que lo intelectual se nutre de las preguntas, y recordemos que con Dios, todas las preguntas están respondidas, por lo tanto la tarea intelectual es innecesaria. Aristóteles (el auténtico creador de la idea del Dios cristiano) y Santo Tomás de Aquino eran los grandes pastores de la Edad Media y de cuyos caminos marcados no se podía salir nadie. En medio de ese páramo oscuro, un día nuestro amigo Descartes, que había sido educado e influenciado por ese gran sistema, se plantó frente al mundo y dijo: “Voy a dudar de todo”. Y créanme, no hay nada más revolucionario que la duda. Descartes dudó de todo hasta el extremo de dudar de la realidad exterior –lo que hay fuera-, y de sí mismo. Descartes dudó de Dios a pesar de que era creyente con el objetivo de limpiar su mente de tanta oscuridad envolvente. Descartes se preguntaba si había algo de lo que no pudiera dudar y efectivamente, no podía dudar de su duda, es decir, de su pensamiento y de ahí lanza la frase “Pienso, luego existo”.

Descartes, con la humildad que caracteriza a un filósofo que solo necesitaba un cobijo seguro y una estufa para poder pensar, nunca imaginó como sus claras y distintas palabras pudieron conllevar tantos hechos históricos que posteriormente ocurrieron. Un siglo después, sucede la Revolución Francesa bajo las ideas de pensadores iluministas, es decir, de pensadores cuyo centro fundamental de su actuar es la Razón. La Razón era el eje fundamental de la historia y así nace la Ilustración y el Humanismo. Descartes cambió el mundo y por eso hoy lo consideramos como un Héroe del Pensamiento.

Ahora bien, ¿dónde estamos? Estamos en el siglo XXI; ya ha pasado tiempo desde Descartes. Por la Dialéctica de la Historia, si en el siglo XVII Descartes pone la Razón como elemento clave a partir del cual todo se explica, cabría pensar que en el siglo en el que estamos, habríamos evolucionado mucho y el buen sentido se habría enseñoreado de la tierra y la mayor parte del planeta sería feliz. Pero parece que no. Seré claro, como Descartes. Vivimos en un Gran Sistema dominado por los medios de comunicación (saltando de una cosa a otra) los cuales nos dicen cómo tenemos que vestir, qué tenemos que comer, qué tenemos que estudiar para conseguir trabajo, dónde viajar, cómo amar, qué comprar, qué leer, qué música escuchar…y un largo etcétera. ¿Es falso lo que digo? Mira a tu alrededor y dime qué ves. Dedica un día solo a poner tu atención a lo que hacen los demás. ¿No ves algo que los une, como un patrón?

La sociedad actual, sumergida en este Gran Sistema, necesita estar haciendo algo constantemente. Necesita proyectarse hacia el exterior, porque debe de darle miedo lo que hay en su interior. Necesita ser políticamente correcta, porque parece que si no, siempre hiere la sensibilidad de alguien. Esta sociedad es una sociedad hipersensible, que se ofende por cualquier cosa, respaldado bajo la opinión libre en un mundo paralelo de redes sociales. Es una sociedad rígida, porque no sabe reconocer errores, decir que no y reformar sus esquemas de años de instauración. Es una sociedad que necesita el reconocimiento de los demás para su autoafirmación, es decir, su identidad la forman los demás. Es una sociedad que puede mandar 1000 mensajes de texto a un amigo a miles de kilómetros de distancia pero no puede saludar siquiera a un amigo del pasado si se lo cruza por la calle. Es una sociedad hipócrita, que piensa A, dice B y hace C; sociedad que odia los prejuicios y los estereotipos, pero cuando teme quedarse sola, se agarra a ellos. Sociedad que piensa que ser libre es enseñar las tetas o el abdomen por Internet. Sociedad que a los 18 años cree saberlo todo y se encierra en sus argumentos. Sociedad que quiere imponer sus idearios a la fuerza, cuando es sabido que la sociedad funciona por ejemplo, por lo que dar ejemplo es lo más efectivo que puedes hacer. Podría seguir y seguir describiendo esta sociedad, pero no es relevante en este texto.

En resumen, es una sociedad maniatada, no libre. Porque en esta sociedad no se prima el individuo, sino el grupo, el pertenecer a un grupo para calmar la sed de reconocimiento del otro. Porque sí, aunque os joda reconocerlo, solo es libre el que está solo. Y solo una sociedad limpia es aquella que se nutre de individuos libres, que en base a su razón y no a influencias externas, decide compartir camino con otros. Y por eso, HAY QUE RESCATAR A DESCARTES. Porque no vivimos una situación tan distinta a la que él vivió. Y él tuvo la valentía de dudar de todo y de quitarse todos los disfraces e influencias de su época. También tenía influencias, como nosotros ahora, pero nosotros ¿qué hacemos? Vivir en la comodidad del gran colectivo y ya vendrá otro ser más inteligente que nosotros a resolver los problemas. Pues no, señores. Rescatemos a Descartes y pensemos con calma qué estamos haciendo. Coloquemos la razón en el lugar que ha ocupado Internet y que no nos dé miedo a salir del Gran Sistema, aunque nos quedemos solos. Porque yo salí del Gran Sistema y veo todo con mucha claridad. Una persona, con una vida acelerada y con planes a cada momento, no tiene tiempo de reflexionar NADA, y si no reflexiona, no se es libre. Relacionarse con los demás es vital pero más vital es relacionarse con uno mismo, proyectarse hacia sí mismo, y esto lejos de ser una frase de mindfullness, significa tomarse un tiempo cada día de reflexionar lo que hemos hecho o lo que vamos a hacer.tir camino con una serie de individuos. Pero Doctor, ¡tú mismo dijiste hace poco que somos fruto de nuestras influencias! Claro que sí, pero como dijo Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Es decir, ser libre es utilizar un lenguaje propio, fruto de la reflexión de todo lo existente.

Salí del gran sistema desde la adolescencia quitándome todos los disfraces. Y eso me llevó a quedarme solo y a tener que buscar por mi cuenta otros individuos libres. Hice como Descartes, y me quité todo tipo de estereotipos, desde cómo tengo que ser físicamente para ser atractivo hasta qué tengo que leer para ser feminista. Soy contracultura porque prefiero nutrirme de cada una y no pertenecer a ninguna; solo así me siento libre sin tener que defender cánones culturales que carraspean mi conciencia. Me quité hasta las armaduras, esas que hoy llevan todos y que hacen que sus argumentos no se rompan ni con una bomba atómica. Me quité esas armaduras y por eso soy consciente de que mis valores son susceptibles de cambio. Hoy pienso así, mañana no lo sé. Hoy no creo en Dios, mañana no lo sé. La duda reflexiva –la reflexión- es lo que nos hace libres.

 

 

 

 

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El valor de una persona

EL VALOR DE UNA PERSONA

Javier Sánchez Aguilar

A veces tengo la sensación de que estamos en la peor época para ser humanistas. Verdaderos humanistas. Siento que el ser humano no está viendo cómo cada vez le cuesta más rellenar los huecos de la palabra H_ _ AN_ D_D. Las manifestaciones de ese desapego con lo más intrínseco de nosotros son muchas, yo hoy os voy a hablar de algo que me parece fundamental en una relación humana: la historia de la vida de cada persona.

Tengo 22 años y caí al mundo dentro de un país desarrollado. Durante 22 años podéis imaginar la cantidad de personas que he podido conocer o incluso, amar, en el sentido amplio de la palabra. He conocido personas con las que, desde los 5 años hasta hoy, mantengo el contacto. Personas de temporalidad fugaz. Personas que he conocido por mis aficiones, por mis estudios, por mis viajes, por mi trabajo. Una persona que conocí ayer y que ya sé que estará ahí conmigo por muchos años. Una persona que conocí ayer que sé que estará ahí conmigo por 3 minutos. Una persona que al principio parecía un idiota y que acabó siendo una de miscmejores amistades. Muchas personas. Cada una de ellas con su respectiva historia vital.

Y es que no nos damos cuenta de lo precioso que es conocer a alguien.

Pero cada uno de nosotros ya está lleno de personas ¿no? Ya tenemos nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros conocidos… Ya estamos completos. Se nos va a saturar la lista de contactos del móvil y ya no sabemos qué nombre ponerle a esa nueva persona porque ya tenemos 15 Javieres en nuestras vidas. Y así nos va, que cada vez que alguien nuevo se nos presenta en la vida, tenemos una muralla y tendemos a dejarlos entrar solo si tiene una personalidad determinada o si es de determinada manera. Obviamente cada uno somos de una manera y nos gusta relacionarnos con personas afines a nuestro ideario, pero siento que la sociedad actual tiene los límites muy marcados y no deja espacio para personas con inquietudes distintas por miedo a que le cambie los esquemas establecidos durante 10, 20 o 30 años, los que sean.

Cada vez que conocemos a una persona, tenemos que pensar que es una fortuna. 2 vidas, cada una con su camino, han ido transitando por el tiempo y en un momento determinado se han cruzado. Eso es maravilloso. Es un cúmulo de azares impresionante. Desde el nacimiento, que es el acontecimiento más azaroso que existe, hasta la vida adulta hay millones de pasos que podían haber sido distintos. Y sin embargo, aquí estamos. Tú, quizás un lector nuevo que no me conocías, has llegado hasta aquí, y antes de mirar cada paso que te ha traído hasta aquí, simplemente aprecia este momento. Momento banal para la mayoría de los mortales, pero precioso para otros.

Tengo 22 años. Hoy es sábado, 22 de abril del 2017 y son las 11.00 de la mañana. Y soy fruto de todo lo que he hecho antes, de todas las emociones que he sentido, de los lugares que he conocido y de las personas que he conocido. Y también soy lo que hicieron de mí hasta que tuve uso de razón. Porque no olvidemos: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” (Sartre). A día de hoy lo que me define es que soy un fisioterapeuta apasionado que se dedica a la neurología, un poeta que aprovecha la melancolía del pasado y del presente para inspirarse, una persona que viajó a Chile en el año 2015 principalmente para escapar de sí mismo, una persona que ama mucho, una persona que la caga mucho, una persona que huye de los estándares. Una persona que puede decirle a su mejor amigo que la está cagando, una persona que es capaz de expresar amor sin miedo al rechazo. Una persona con complejos físicos, aún por superar. Una persona que es capaz de estar feliz en soledad. Una persona a la que todo lo que planea, le sale al revés. Ese soy yo. Pero pude haber sido otro.

Yo, hace años, quería ser psicólogo tras leer una guía de Vallejo-Nájera. También rapero y graffitero. Jugaba al fútbol  y una lesión me condenó a vivir fuera del césped. Ese era yo.

Cada una de las personas que podemos conocer tiene su historia, al igual que yo he resumido la mía. Pero cuando tenemos el primer contacto con alguien, vemos principalmente su aspecto físico y cómo se expresa con la gente o entorno. Y ahí puede venir nuestra peor cagada: el prejuicio. Y es cierto que no todas las personas las tenemos que admirar, ni apreciar, pero sí tener el espíritu más abierto.

El valor de una persona es su historia, lo que tiene que contar y la actitud con la que la vive. Por eso, creo que es muy importante saber quién es la persona que tienes enfrente, de dónde viene, a dónde quiere ir, qué le da miedo, qué le hace feliz. Así cada una de nuestras vidas se enriquecerá y el poso humano que ha dejado en nosotros nos acompañará hasta la siguiente parada de nuestro camino, que siempre, siempre, es el día siguiente.

Amemos el azar del cruce de caminos entre 2 personas. Es precioso que una nueva persona nos rompa los esquemas. Esa es la gente que mola.

 

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No te entiendo

No te entiendo, lo siento. Será que soy raro. Pero me consigo evadir de mí mismo para verme con otro prisma y no me veo tan raro.  La verdad es que no te entiendo. Te hablo a ti, como si fueras el ente del mundo occidental globalizado, mujer u hombre. Y te explico por qué no te entiendo. Pongamos que si eres chico te llamo Óscar y si eres chica, te llamo Paula.

No entiendo Paula, por qué te maquillas tanto. Por qué tanto polvo en tus ojos, porque tanto tiempo gastado en cubrirte la cara con máscaras cuando supuestamente profesas que quieres que miren tu interior y no tu físico,  tanto en tu trabajo como en tu vida social.

No entiendo Óscar y Paula, por qué vais a trabajar con tanta desgana, cuando supuestamente amáis vuestra profesión. No entiendo por qué predicáis a vuestros amigos que van dando vueltas por diversos rincones del mercado laboral que tienen que trabajar en lo que les apasiona, que encuentren el amor en lo que hacen, y luego…vosotros, cada domingo resopláis porque al día siguiente trabajáis en lo que os ¿apasiona?

No entiendo Óscar, por qué me preguntas cada vez que nos volvemos a encontrar si ya tengo novia, si sigo a dos velas o si he encontrado a alguna rara por ahí, “que hay muchas”. No entiendo por qué crees que tener una pareja me ha de completar o llenar de plenitud.

No entiendo Paula, por qué sigues pensando que el mundo del amor es como en Disney  y sigues pensando que tienes un príncipe azul esperándote y que tú vas a cambiarle y modelarlo a tu gusto. No entiendo por qué dices que quieres como pareja a alguien simpático, agradable, inteligente y trabajador, si luego si no es mayor que tú, más alto que tú, tiene barba y está fuerte, ya puede ser todo lo buena persona que quiera, que no tiene ninguna opción.

No entiendo Óscar, por qué ganas más dinero que Paula realizando el mismo trabajo. No sé si me salté algún capítulo del libro de Neurociencias donde venía que la mujer no tiene suficiente lóbulo frontal que respalde una inteligencia y raciocinio suficiente como para ejercer un puesto de trabajo por muy exigente que sea.

No entiendo, Óscar y Paula, por qué leéis tantos manuales de “Cómo ser buenos padres” si luego a vuestro hijo/a le compráis una Tablet para que os deje tranquilos. Luego vais al Pediatra a que os regalen un diagnóstico de TDAH.

No entiendo Óscar, por qué vas al gimnasio a muscularte con el objetivo primario de mantenerte sano, si lo que tus actos demuestran es que quieres tener abdominales para poder ligar más. Las cosas claras, Óscar, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

No entiendo, Paula, por qué vas a una Carrera Popular Contra el Cáncer de Mama y pones la fotito en Facebook y luego a los dos minutos te estás fumando un piti. Y no te escapas Óscar, porque tampoco entiendo por qué compartes vídeos de Pablo Ráez sobre cómo supera la Leucemia, y luego esa misma tarde estas en la bajera con los colegas fumándote un porro de cuatro papeles.

No entiendo, Óscar y Paula, porque hoy en día ya no queréis conocer gente nueva y distinta a vosotros. Hoy en día, con las redes sociales, parece que tenéis 500 amigos y, ¿qué me a aportar éste? No vais a perder el tiempo en conocer a alguien con algo de profundidad en su cerebro, porque queréis todo instantáneo y además, ya tenéis “demasiados amigos”.

No entiendo, Paula y Óscar, por qué cuando quedáis con vuestros amigos, estáis más pendientes de los mensajes que os envían personas a distancia que los que os mandan vuestros presentes interlocutores. ¿Por qué en la era de la comunicación, nos comunicamos tan mal?

No entiendo, Óscar y Paula, vosotros que sois veganos, por qué algunos de vosotros queréis cambiar la forma de alimentación del mundo tan bruscamente y a gritos, como si estuviéramos en Francia en el siglo XVIII y tuviéramos que degollar a Luis XVI. Pensad las cosas, las cosas no cambian de golpe, sino progresivamente. Ni vosotros sois unos santos ni los que comen carne unos hijos de puta. Mostrad ejemplo y no habléis tanto, que la gente aprende por imitación y ejemplo y no por imposición y amedrentamiento.

No entiendo Paula, por qué subes fotos fumando a Instagram. No entiendo qué le ves de sexy a ese acto que es la segunda causa de muerte a nivel mundial. No entiendo por qué es un elemento que te da libertad y fuerza como mujer independiente. No entiendo que no  veas que esa foto hace que se normalice más ese hábito y que se prolongue en la sociedad. Pero bueno, como las enfermedades solo les ocurren a las feas y siempre existirá el blanqueador dental y el maquillaje, pues ya está. Ojo, digo que no lo entiendo, pero sí sé por qué ocurre todo este fenómeno, pero es muy largo de explicar aquí.

No entiendo, Paula y Óscar, por qué os compráis tanta ropa. Por qué cada mes tenéis que comprar ropa que luego no usáis. Y no entiendo por qué tenéis que cambiar de móvil cada 2 meses. Pero claro, no queréis que la gente dependa mucho del móvil, que eso quita humanidad. Decís que no os gusta la gente materialista, sino que os gusta disfrutar de las cosas sencillas…

No entiendo cómo no os dais cuenta de toda la mierda que os han metido dentro del cerebro y nos habéis dado ni cuenta.

Os hacéis creer a vosotros mismo que cada cosa que habéis hecho ha sido por elección propia pero tenéis más influencias de las que os creéis. Paula y Óscar, creéis que no sois superficiales, pero… todo lo que hacéis os delata. La ropa que lleváis, la gente con la que salís, cómo os relacionáis con gente diferente a vosotros… Creéis que vais al gimnasio para estar sanos y vais porque sabéis que un cuerpo marcado socialmente es visto como más bonito y te abre puertas para gustar a otras personas. Creéis que os gusta vuestro trabajo, pero los lunes solo deseáis que llegue el viernes. Creéis que cuando tengáis hijos sabréis educarlos bien pero haréis lo mismo que los demás, darles tecnología para que os dejen tranquilos. Creéis que tener pareja es requisito para la plenitud.

Hay muchas más cosas que no entiendo, habrá parte 2        😀

CREÉIS QUE SOIS FELICES, PERO SOLO SOIS ESCLAVOS DE LA HIPOCRESÍA. 

 PD: Sí, soy un inadaptado social, pero por lo menos soy coherente. Y así me va.

 

 

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Al Margen

 

 

Siempre supe que mi sitio

no era estar en medio del folio.

Por eso suspendí en caligrafía;

por eso estoy al margen.

 

Fuera del paréntesis.

Fuera del círculo.

Fuera de tus frases.

Fuera de tu perfección.

 

Siempre supe que mi casa

no tendría tejado,

ni piso,

ni paredes.

 

Fuera de las miradas.

Fuera de tu imaginario.

Fuera de tu camino.

Fuera del mundo.

 

Al margen.

 

Soy un pájaro libre

que descansa volando,

acostándose tarde,

levantándose temprano.

 

Infatuado perpetuo

con la panorámica

que elucubro a diario.

Detrás de la cámara me hallo,

desenfocado,

para ser libre

como un pájaro volando.

 

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