Rescatemos a Descartes

Hoy, más que nunca, tenemos que rescatar a René Descartes. Ese gran filósofo del que muchos solo recordarán dos cosas: que era feo de narices y que dijo la famosa frase “Pienso, luego existo”. Y sí, esa frase todos la recordamos, pero ¿la entendemos? Tengo mis dudas.

René Descartes, que vivió en el siglo XVII (1596-1650), estaba en una situación parecida a la que alguno de nosotros podemos sentirnos en los días que corren. Descartes tenía encima nada menos que diez o doce siglos de Edad Media, época oscura en la que no ocurrió nada o poco en lo referente a lo intelectual, ya que lo intelectual se nutre de las preguntas, y recordemos que con Dios, todas las preguntas están respondidas, por lo tanto la tarea intelectual es innecesaria. Aristóteles (el auténtico creador de la idea del Dios cristiano) y Santo Tomás de Aquino eran los grandes pastores de la Edad Media y de cuyos caminos marcados no se podía salir nadie. En medio de ese páramo oscuro, un día nuestro amigo Descartes, que había sido educado e influenciado por ese gran sistema, se plantó frente al mundo y dijo: “Voy a dudar de todo”. Y créanme, no hay nada más revolucionario que la duda. Descartes dudó de todo hasta el extremo de dudar de la realidad exterior –lo que hay fuera-, y de sí mismo. Descartes dudó de Dios a pesar de que era creyente con el objetivo de limpiar su mente de tanta oscuridad envolvente. Descartes se preguntaba si había algo de lo que no pudiera dudar y efectivamente, no podía dudar de su duda, es decir, de su pensamiento y de ahí lanza la frase “Pienso, luego existo”.

Descartes, con la humildad que caracteriza a un filósofo que solo necesitaba un cobijo seguro y una estufa para poder pensar, nunca imaginó como sus claras y distintas palabras pudieron conllevar tantos hechos históricos que posteriormente ocurrieron. Un siglo después, sucede la Revolución Francesa bajo las ideas de pensadores iluministas, es decir, de pensadores cuyo centro fundamental de su actuar es la Razón. La Razón era el eje fundamental de la historia y así nace la Ilustración y el Humanismo. Descartes cambió el mundo y por eso hoy lo consideramos como un Héroe del Pensamiento.

Ahora bien, ¿dónde estamos? Estamos en el siglo XXI; ya ha pasado tiempo desde Descartes. Por la Dialéctica de la Historia, si en el siglo XVII Descartes pone la Razón como elemento clave a partir del cual todo se explica, cabría pensar que en el siglo en el que estamos, habríamos evolucionado mucho y el buen sentido se habría enseñoreado de la tierra y la mayor parte del planeta sería feliz. Pero parece que no. Seré claro, como Descartes. Vivimos en un Gran Sistema dominado por los medios de comunicación (saltando de una cosa a otra) los cuales nos dicen cómo tenemos que vestir, qué tenemos que comer, qué tenemos que estudiar para conseguir trabajo, dónde viajar, cómo amar, qué comprar, qué leer, qué música escuchar…y un largo etcétera. ¿Es falso lo que digo? Mira a tu alrededor y dime qué ves. Dedica un día solo a poner tu atención a lo que hacen los demás. ¿No ves algo que los une, como un patrón?

La sociedad actual, sumergida en este Gran Sistema, necesita estar haciendo algo constantemente. Necesita proyectarse hacia el exterior, porque debe de darle miedo lo que hay en su interior. Necesita ser políticamente correcta, porque parece que si no, siempre hiere la sensibilidad de alguien. Esta sociedad es una sociedad hipersensible, que se ofende por cualquier cosa, respaldado bajo la opinión libre en un mundo paralelo de redes sociales. Es una sociedad rígida, porque no sabe reconocer errores, decir que no y reformar sus esquemas de años de instauración. Es una sociedad que necesita el reconocimiento de los demás para su autoafirmación, es decir, su identidad la forman los demás. Es una sociedad que puede mandar 1000 mensajes de texto a un amigo a miles de kilómetros de distancia pero no puede saludar siquiera a un amigo del pasado si se lo cruza por la calle. Es una sociedad hipócrita, que piensa A, dice B y hace C; sociedad que odia los prejuicios y los estereotipos, pero cuando teme quedarse sola, se agarra a ellos. Sociedad que piensa que ser libre es enseñar las tetas o el abdomen por Internet. Sociedad que a los 18 años cree saberlo todo y se encierra en sus argumentos. Sociedad que quiere imponer sus idearios a la fuerza, cuando es sabido que la sociedad funciona por ejemplo, por lo que dar ejemplo es lo más efectivo que puedes hacer. Podría seguir y seguir describiendo esta sociedad, pero no es relevante en este texto.

En resumen, es una sociedad maniatada, no libre. Porque en esta sociedad no se prima el individuo, sino el grupo, el pertenecer a un grupo para calmar la sed de reconocimiento del otro. Porque sí, aunque os joda reconocerlo, solo es libre el que está solo. Y solo una sociedad limpia es aquella que se nutre de individuos libres, que en base a su razón y no a influencias externas, decide comparY por eso, HAY QUE RESCATAR A DESCARTES. Porque no vivimos una situación tan distinta a la que él vivió. Y él tuvo la valentía de dudar de todo y de quitarse todos los disfraces e influencias de su época. También tenía influencias, como nosotros ahora, pero nosotros ¿qué hacemos? Vivir en la comodidad del gran colectivo y ya vendrá otro ser más inteligente que nosotros a resolver los problemas. Pues no, señores. Rescatemos a Descartes y pensemos con calma qué estamos haciendo. Coloquemos la razón en el lugar que ha ocupado Internet y que no nos dé miedo a salir del Gran Sistema, aunque nos quedemos solos. Porque yo salí del Gran Sistema y veo todo con mucha claridad. Una persona, con una vida acelerada y con planes a cada momento, no tiene tiempo de reflexionar NADA, y si no reflexiona, no se es libre. Relacionarse con los demás es vital pero más vital es relacionarse con uno mismo, proyectarse hacia sí mismo, y esto lejos de ser una frase de mindfullness, significa tomarse un tiempo cada día de reflexionar lo que hemos hecho o lo que vamos a hacer.tir camino con una serie de individuos. Pero Doctor, ¡tú mismo dijiste hace poco que somos fruto de nuestras influencias! Claro que sí, pero como dijo Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Es decir, ser libre es utilizar un lenguaje propio, fruto de la reflexión de todo lo existente.

Salí del gran sistema desde la adolescencia quitándome todos los disfraces. Y eso me llevó a quedarme solo y a tener que buscar por mi cuenta otros individuos libres. Hice como Descartes, y me quité todo tipo de estereotipos, desde cómo tengo que ser físicamente para ser atractivo hasta qué tengo que leer para ser feminista. Soy contracultura porque prefiero nutrirme de cada una y no pertenecer a ninguna; solo así me siento libre sin tener que defender cánones culturales que carraspean mi conciencia. Me quité hasta las armaduras, esas que hoy llevan todos y que hacen que sus argumentos no se rompan ni con una bomba atómica. Me quité esas armaduras y por eso soy consciente de que mis valores son susceptibles de cambio. Hoy pienso así, mañana no lo sé. Hoy no creo en Dios, mañana no lo sé. La duda reflexiva –la reflexión- es lo que nos hace libres.

 

 

 

 

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El valor de una persona

EL VALOR DE UNA PERSONA

Javier Sánchez Aguilar

A veces tengo la sensación de que estamos en la peor época para ser humanistas. Verdaderos humanistas. Siento que el ser humano no está viendo cómo cada vez le cuesta más rellenar los huecos de la palabra H_ _ AN_ D_D. Las manifestaciones de ese desapego con lo más intrínseco de nosotros son muchas, yo hoy os voy a hablar de algo que me parece fundamental en una relación humana: la historia de la vida de cada persona.

Tengo 22 años y caí al mundo dentro de un país desarrollado. Durante 22 años podéis imaginar la cantidad de personas que he podido conocer o incluso, amar, en el sentido amplio de la palabra. He conocido personas con las que, desde los 5 años hasta hoy, mantengo el contacto. Personas de temporalidad fugaz. Personas que he conocido por mis aficiones, por mis estudios, por mis viajes, por mi trabajo. Una persona que conocí ayer y que ya sé que estará ahí conmigo por muchos años. Una persona que conocí ayer que sé que estará ahí conmigo por 3 minutos. Una persona que al principio parecía un idiota y que acabó siendo una de miscmejores amistades. Muchas personas. Cada una de ellas con su respectiva historia vital.

Y es que no nos damos cuenta de lo precioso que es conocer a alguien.

Pero cada uno de nosotros ya está lleno de personas ¿no? Ya tenemos nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros conocidos… Ya estamos completos. Se nos va a saturar la lista de contactos del móvil y ya no sabemos qué nombre ponerle a esa nueva persona porque ya tenemos 15 Javieres en nuestras vidas. Y así nos va, que cada vez que alguien nuevo se nos presenta en la vida, tenemos una muralla y tendemos a dejarlos entrar solo si tiene una personalidad determinada o si es de determinada manera. Obviamente cada uno somos de una manera y nos gusta relacionarnos con personas afines a nuestro ideario, pero siento que la sociedad actual tiene los límites muy marcados y no deja espacio para personas con inquietudes distintas por miedo a que le cambie los esquemas establecidos durante 10, 20 o 30 años, los que sean.

Cada vez que conocemos a una persona, tenemos que pensar que es una fortuna. 2 vidas, cada una con su camino, han ido transitando por el tiempo y en un momento determinado se han cruzado. Eso es maravilloso. Es un cúmulo de azares impresionante. Desde el nacimiento, que es el acontecimiento más azaroso que existe, hasta la vida adulta hay millones de pasos que podían haber sido distintos. Y sin embargo, aquí estamos. Tú, quizás un lector nuevo que no me conocías, has llegado hasta aquí, y antes de mirar cada paso que te ha traído hasta aquí, simplemente aprecia este momento. Momento banal para la mayoría de los mortales, pero precioso para otros.

Tengo 22 años. Hoy es sábado, 22 de abril del 2017 y son las 11.00 de la mañana. Y soy fruto de todo lo que he hecho antes, de todas las emociones que he sentido, de los lugares que he conocido y de las personas que he conocido. Y también soy lo que hicieron de mí hasta que tuve uso de razón. Porque no olvidemos: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” (Sartre). A día de hoy lo que me define es que soy un fisioterapeuta apasionado que se dedica a la neurología, un poeta que aprovecha la melancolía del pasado y del presente para inspirarse, una persona que viajó a Chile en el año 2015 principalmente para escapar de sí mismo, una persona que ama mucho, una persona que la caga mucho, una persona que huye de los estándares. Una persona que puede decirle a su mejor amigo que la está cagando, una persona que es capaz de expresar amor sin miedo al rechazo. Una persona con complejos físicos, aún por superar. Una persona que es capaz de estar feliz en soledad. Una persona a la que todo lo que planea, le sale al revés. Ese soy yo. Pero pude haber sido otro.

Yo, hace años, quería ser psicólogo tras leer una guía de Vallejo-Nájera. También rapero y graffitero. Jugaba al fútbol  y una lesión me condenó a vivir fuera del césped. Ese era yo.

Cada una de las personas que podemos conocer tiene su historia, al igual que yo he resumido la mía. Pero cuando tenemos el primer contacto con alguien, vemos principalmente su aspecto físico y cómo se expresa con la gente o entorno. Y ahí puede venir nuestra peor cagada: el prejuicio. Y es cierto que no todas las personas las tenemos que admirar, ni apreciar, pero sí tener el espíritu más abierto.

El valor de una persona es su historia, lo que tiene que contar y la actitud con la que la vive. Por eso, creo que es muy importante saber quién es la persona que tienes enfrente, de dónde viene, a dónde quiere ir, qué le da miedo, qué le hace feliz. Así cada una de nuestras vidas se enriquecerá y el poso humano que ha dejado en nosotros nos acompañará hasta la siguiente parada de nuestro camino, que siempre, siempre, es el día siguiente.

Amemos el azar del cruce de caminos entre 2 personas. Es precioso que una nueva persona nos rompa los esquemas. Esa es la gente que mola.

 

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Adiós, 2016.

Ya te vas 2016. Qué fuerte sonabas cuando naciste. Y qué aborrecido te vas. Los que nacieron en el año 2000 ya tienen 16 años y ya parece que han vivido más que personas de mi edad. Los que nacimos en los 90, estamos entrando en la treintena y con ello se presupone que debemos hacer según qué cosas y dejar de hacer otras muchas.

Este año ha pasado muy rápido y va a ser verdad que conforme nos hacemos mayores, los años pasan más rápido. Y va a ser verdad también que da igual la edad que tengamos, siempre vamos a ir mirando hacia la década siguiente y los clichés subordinados. Cuando tenemos 15, pensamos en los 18, cuando tenemos 18 pensamos en los 22, y así hasta llegar a los 60, que ya entonces parece que sí, que nadie te puede dar lecciones de vida y la edad ya no importa tanto.

Este año en general ha sido bueno para mí. Lo empecé en Santiago de Chile, y he de reconocer que pasé fin de año más solo que la una. Aunque la versión oficial era que lo pasé con unos “amigos” en la Torre Entel, era mentira. Me di un paseo por la tarde y por la noche me preparé una cena especial en mi casa mientras veía los fuegos artificiales de Valparaíso por la televisión.

Y así de triste parece que empezó el año pero poco a poco fue mejorando. Volví a España y con eso mi necesidad imperiosa de huir de casa para evitar sumergirme en la nostalgia del continente despedido y así decidí poner rumbo a Sevilla para compartir unos días con un gran amigo que conocí en Chile. Después visité  Córdoba y Granada y ya a la vuelta comenzaba el último semestre, probablemente el más feliz de toda la carrera al compartir casa con 4 de mis mejores amigos.

En posteriores meses conocí Zaragoza y Salamanca, dos ciudades que me enamoraron. Ya había viajado solo otras veces, pero yendo a Salamanca solo descubrí el placer de la soledad a pleno rendimiento. Me di cuenta que las personas que me rodean no saben estar solos, no saben llenarse solos. Necesitan amigos que les acompañen a todos los sitios, tener pareja para sentirse queridos, y en definitiva, no tener ni un segundo al día para estar con uno mismo.

Y temiéndolo, junio llegó y terminé la carrera con una graduación pasada por agua (sin haber llovido) y con un título bajo el brazo: ya era fisioterapeuta, mi vocación. Y sin apenas poder disfrutar de ese final, ya estaba trabajando donde actualmente trabajo, ayudando a personas con daño cerebral. Ya viene siendo habitual en mi vida que acabe ocurriendo lo contrario a lo previsto. Yo, que iba a ser psicólogo, terminé siendo fisioterapeuta. Yo, que iba a ser fisioterapeuta deportivo, acabo siendo fisioterapeuta neurológico. Yo, que nunca he tenido un exceso que perjudique mi salud, llevo 8 intervenciones quirúrgicas a mi espalda. Yo, que hasta el año 2015 nunca había salido de España, acabé estudiando un semestre en Chile. Y así multitud de situaciones…

En julio autopubliqué mi cuarto libro: “El peregrino de Natales” y ha sido como tener un hijo más en mi casa, un fiel retrato de las experiencias vividas en 3 años.

Este año ha sido la primera vez en mi vida que a una chica le he gustado por mi físico y ha sido la primera vez en mucho tiempo que alguien ajeno a mi familia me ha dicho “guapo” cara a cara xD. En esa línea, este año ha sido la primera vez que he quedado con alguien tras 3 años.Este año sigo siendo virgen y sigue sin importarme, a pesar de saber que eso puede acarrear prejuicios sobre mi persona en los demás.

Este año sigo sin necesitar que me digan lo que valgo en cualquier aspecto de mi vida para saberlo. Este año sigo sin comprender la sociedad. Este año sigo orgulloso de no haber fumado ni haberme emborrachado nunca. Este año sigo sin un grupo de amigos estable, lo cual me hace tener situaciones incómodas cuando me preguntan por mis planes sociales. Este año sigo oyendo. Este año sigo amando mi profesión. Este año sigo creyendo que soy un pájaro libre que está al margen. Este año he empezado una nueva etapa: la etapa adulta per sé, con todos los miedos que ella conlleva. Este año sigo sin creer en el amor, tal y como todos lo pintáis. Este año, sigo siendo un inadaptado social, un fracasado social, pero me siento bien y me siento feliz porque soy útil en las horas en las que estoy despierto y no me aburre tener que pasar horas conmigo mismo.

Y para que conste aquí, os deseo Feliz Año Nuevo a todas las personas que me leéis. Os deseo solo 2 cosas: SALUD y PASIÓN. Cuidaos porque os pasará factura si no lo hacéis y por favor, tened pasión en lo que hacéis, no dejéis que se os pasen las horas mirando lo que hacen los demás e id a por lo que os apasiona. ¡Sin excusas!

 

Un abrazo,

Javier

(el jefe de Doctor Melancolías)

 

 

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No te entiendo

No te entiendo, lo siento. Será que soy raro. Pero me consigo evadir de mí mismo para verme con otro prisma y no me veo tan raro.  La verdad es que no te entiendo. Te hablo a ti, como si fueras el ente del mundo occidental globalizado, mujer u hombre. Y te explico por qué no te entiendo. Pongamos que si eres chico te llamo Óscar y si eres chica, te llamo Paula.

No entiendo Paula, por qué te maquillas tanto. Por qué tanto polvo en tus ojos, porque tanto tiempo gastado en cubrirte la cara con máscaras cuando supuestamente profesas que quieres que miren tu interior y no tu físico,  tanto en tu trabajo como en tu vida social.

No entiendo Óscar y Paula, por qué vais a trabajar con tanta desgana, cuando supuestamente amáis vuestra profesión. No entiendo por qué predicáis a vuestros amigos que van dando vueltas por diversos rincones del mercado laboral que tienen que trabajar en lo que les apasiona, que encuentren el amor en lo que hacen, y luego…vosotros, cada domingo resopláis porque al día siguiente trabajáis en lo que os ¿apasiona?

No entiendo Óscar, por qué me preguntas cada vez que nos volvemos a encontrar si ya tengo novia, si sigo a dos velas o si he encontrado a alguna rara por ahí, “que hay muchas”. No entiendo por qué crees que tener una pareja me ha de completar o llenar de plenitud.

No entiendo Paula, por qué sigues pensando que el mundo del amor es como en Disney  y sigues pensando que tienes un príncipe azul esperándote y que tú vas a cambiarle y modelarlo a tu gusto. No entiendo por qué dices que quieres como pareja a alguien simpático, agradable, inteligente y trabajador, si luego si no es mayor que tú, más alto que tú, tiene barba y está fuerte, ya puede ser todo lo buena persona que quiera, que no tiene ninguna opción.

No entiendo Óscar, por qué ganas más dinero que Paula realizando el mismo trabajo. No sé si me salté algún capítulo del libro de Neurociencias donde venía que la mujer no tiene suficiente lóbulo frontal que respalde una inteligencia y raciocinio suficiente como para ejercer un puesto de trabajo por muy exigente que sea.

No entiendo, Óscar y Paula, por qué leéis tantos manuales de “Cómo ser buenos padres” si luego a vuestro hijo/a le compráis una Tablet para que os deje tranquilos. Luego vais al Pediatra a que os regalen un diagnóstico de TDAH.

No entiendo Óscar, por qué vas al gimnasio a muscularte con el objetivo primario de mantenerte sano, si lo que tus actos demuestran es que quieres tener abdominales para poder ligar más. Las cosas claras, Óscar, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

No entiendo, Paula, por qué vas a una Carrera Popular Contra el Cáncer de Mama y pones la fotito en Facebook y luego a los dos minutos te estás fumando un piti. Y no te escapas Óscar, porque tampoco entiendo por qué compartes vídeos de Pablo Ráez sobre cómo supera la Leucemia, y luego esa misma tarde estas en la bajera con los colegas fumándote un porro de cuatro papeles.

No entiendo, Óscar y Paula, porque hoy en día ya no queréis conocer gente nueva y distinta a vosotros. Hoy en día, con las redes sociales, parece que tenéis 500 amigos y, ¿qué me a aportar éste? No vais a perder el tiempo en conocer a alguien con algo de profundidad en su cerebro, porque queréis todo instantáneo y además, ya tenéis “demasiados amigos”.

No entiendo, Paula y Óscar, por qué cuando quedáis con vuestros amigos, estáis más pendientes de los mensajes que os envían personas a distancia que los que os mandan vuestros presentes interlocutores. ¿Por qué en la era de la comunicación, nos comunicamos tan mal?

No entiendo, Óscar y Paula, vosotros que sois veganos, por qué algunos de vosotros queréis cambiar la forma de alimentación del mundo tan bruscamente y a gritos, como si estuviéramos en Francia en el siglo XVIII y tuviéramos que degollar a Luis XVI. Pensad las cosas, las cosas no cambian de golpe, sino progresivamente. Ni vosotros sois unos santos ni los que comen carne unos hijos de puta. Mostrad ejemplo y no habléis tanto, que la gente aprende por imitación y ejemplo y no por imposición y amedrentamiento.

No entiendo Paula, por qué subes fotos fumando a Instagram. No entiendo qué le ves de sexy a ese acto que es la segunda causa de muerte a nivel mundial. No entiendo por qué es un elemento que te da libertad y fuerza como mujer independiente. No entiendo que no  veas que esa foto hace que se normalice más ese hábito y que se prolongue en la sociedad. Pero bueno, como las enfermedades solo les ocurren a las feas y siempre existirá el blanqueador dental y el maquillaje, pues ya está. Ojo, digo que no lo entiendo, pero sí sé por qué ocurre todo este fenómeno, pero es muy largo de explicar aquí.

No entiendo, Paula y Óscar, por qué os compráis tanta ropa. Por qué cada mes tenéis que comprar ropa que luego no usáis. Y no entiendo por qué tenéis que cambiar de móvil cada 2 meses. Pero claro, no queréis que la gente dependa mucho del móvil, que eso quita humanidad. Decís que no os gusta la gente materialista, sino que os gusta disfrutar de las cosas sencillas…

No entiendo cómo no os dais cuenta de toda la mierda que os han metido dentro del cerebro y nos habéis dado ni cuenta.

Os hacéis creer a vosotros mismo que cada cosa que habéis hecho ha sido por elección propia pero tenéis más influencias de las que os creéis. Paula y Óscar, creéis que no sois superficiales, pero… todo lo que hacéis os delata. La ropa que lleváis, la gente con la que salís, cómo os relacionáis con gente diferente a vosotros… Creéis que vais al gimnasio para estar sanos y vais porque sabéis que un cuerpo marcado socialmente es visto como más bonito y te abre puertas para gustar a otras personas. Creéis que os gusta vuestro trabajo, pero los lunes solo deseáis que llegue el viernes. Creéis que cuando tengáis hijos sabréis educarlos bien pero haréis lo mismo que los demás, darles tecnología para que os dejen tranquilos. Creéis que tener pareja es requisito para la plenitud.

Hay muchas más cosas que no entiendo, habrá parte 2        😀

CREÉIS QUE SOIS FELICES, PERO SOLO SOIS ESCLAVOS DE LA HIPOCRESÍA. 

 PD: Sí, soy un inadaptado social, pero por lo menos soy coherente. Y así me va.

 

 

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Al Margen

 

 

Siempre supe que mi sitio

no era estar en medio del folio.

Por eso suspendí en caligrafía;

por eso estoy al margen.

 

Fuera del paréntesis.

Fuera del círculo.

Fuera de tus frases.

Fuera de tu perfección.

 

Siempre supe que mi casa

no tendría tejado,

ni piso,

ni paredes.

 

Fuera de las miradas.

Fuera de tu imaginario.

Fuera de tu camino.

Fuera del mundo.

 

Al margen.

 

Soy un pájaro libre

que descansa volando,

acostándose tarde,

levantándose temprano.

 

Infatuado perpetuo

con la panorámica

que elucubro a diario.

Detrás de la cámara me hallo,

desenfocado,

para ser libre

como un pájaro volando.

 

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SABER TOCAR

Saber tocar
el músculo
más importante
del cuerpo
no se aprende
en Fisioterapia.

Tocar
con la ligereza con la que una pluma
cae en el suelo;
como el niño con recelo
al tentar una bombilla ardiente.

Tocar,
como los labios de dos adolescentes
en su primer beso,
lento, temeroso
y balístico.

Saber tocar
el Órgano
no se aprende
en Música.

Tocar
con la levedad
de la pincelada,
como la suavidad
con la que el director
sacude su batuta.

Tocarte,
como si besara
cada herida
que acicalas
con velleza.
Beso a la vinagreta,
tacto a lo panenka.

Saber curar
la herida
no se aprende
en Enfermería.
Porque tocar
y curar
son verbos
de etimología
corrompida.

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EL PEREGRINO DE NATALES PUBLICADO

¡Hola!

Soy Javier Sánchez Aguilar, fisioterapeuta de 22 años que entre ratos escribe poesía. Poesía muy alejada de los cánones y de los estándares académicos. Probablemente si un académico me lee, vomitaría porque no ha visto 40 anáforas, 7 hipérbatons y una estructura ABBA CDC o yo que sé qué cosa.

He autopublicado 3 libros de poesía: Abstracción, Abstracción II e Inocencia/Crudeza. Una poesía muy adolescente, muy visceral e impulsiva.
Hoy 24 de julio de 2016, en el aniversario de mi llegada a Chile fruto de una Movilidad Internacional de Intercambio, publico EL PEREGRINO DE NATALES, una obra poética con una madurez considerable respecto a las anteriores. Una obra de reflexión sobre EL VIAJE, sobre lo que implica marcharse y volver, sobre el hecho de bajarse del tren de lo cotidiano y comenzar una aventura. Una obra ilustrada con fotografías a color por parte de personas con las que he coincidido en mi viaje.

Os invito a leer El peregrino de Natales. Siento una enorme satisfacción ahora que la veo terminada.

Doy facilidades para la lectura de esta obra, como hice con las anteriores. Está disponible en formato físico (13€) y en e-book (gratuito):

FORMATO FÍSICO: http://www.lulu.com/shop/javier-s%C3%A1nchez-aguilar/el-peregrino-de-natales/paperback/product-22800271.html

E-BOOK: http://www.lulu.com/shop/javier-s%C3%A1nchez-aguilar/el-peregrino-de-natales/ebook/product-22800307.html

Muchas gracias a quien ha estado esperando esta obra. Ha tardado porque había momentos en los que la obra era más grande que el autor y he tenido que madurar ideas y sentimientos (que no versos) para poder sentirme igual de grande que la obra.

Espero que disfruten leyéndola tanto como yo creándola.

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